No sé si hay algo de crecimiento personal, o simplemente de ego... pero algo hay que me hace ver distinto el mundo... La gente, lo que hacen, lo que dicen, lo que piensan, lo que hacen... Encuentro todo tan estúpido. La forma en que actúan, las cosas que dicen, no ven lo obvio. No ven lo que importa en realidad, no se comportan pensando en cómo se sentirán los demás, ni siquiera en como se sienten ellos...
Sólo se van replicando. Una a una, la misma persona, como meros Agentes*. Hordas de seres humanos, pero muy pocas personas. Muy pocos individuos. Y otros que tratan de engañarse a si mismos y decir que son completamente únicos. Nadie es 100% único, todos tenemos algo de los demás, alguna influencia... todos estamos conectados de alguna forma. Por el contrario, hay otros que no tienen problema en querer convertirse en alguien más; no les importa perder su identidad, bien extremadamente valioso que todos poseemos, hasta cierto punto.
Hay todo tipo de gente: gente que hace cosas porque los demás las hacen, o dejan de hacerlas si los demás lo hacen. Gente que se preocupa siempre de qué dirán los demás, y por eso mismo no se comportan como son en realidad. Gente que simplemente usa a los demás para su beneficio. Gente que se preocupa por trivialidades, que quiere tener más que los demás, ser más, aparentar más. Y dejar de lado lo esencial en el proceso... Pongamos en una balanza, un celular touch, una cámara de video digital, un notebook. Todo lo que pudieras soñar, pero tu viejo no vive contigo. Y por culpa de eso, a la larga, tus viejos se separan.
Pero son cosas que pasan.
O gente que se preocupa por ver crecer su número, su influencia, en un mundo que avanza cada vez más rápido. Más mecanizado, menos humano. ¿Dónde está la verdadera influencia, la que tenemos todos? Porque, seamos realistas, todos somos influenciables. Es cosa de encontrar el punto débil de cada uno; dónde te aprieta el zapato. Claro, hay gente mucho más influenciable que otros; se influencian por medios fríos, por máquinas, por mensajes instantáneos de gente con quien no compartes más vínculos que un nombre de usuario. ¿Dónde queda la personalidad? ¿Conocer personas? Yo creo en el uso de medios indirectos para compartir como personas, pero hay muchos que los usan para compartir como máquinas, y otros que reemplaza la interacción netamente humana por éstos medios indirectos.
Sí, puedes conocer a una persona por internet, o por el teléfono; porque conocer lleva compartir, saber quién está al otro lado. Sentimientos y emociones se conjugan en la pantalla, se transmiten, se vuelven humanos al llegar al otro lado. Se genera influencia, se piden favores, se comparte a la distancia.
Pensando en las formas menos humanas de usar estos medios... o de creer que ellos son de peso equivalente a la realidad, o de lucirlos como trofeo... Me parece mal. Me parece triste. Es lamentable ver gente que escribe simplemente por escribir, sin contenido, sin interacción. Escribir para ellos, y para nadie más. O gente que publicita algo para que se una gente, sólo para ver crecer el número... ¿Qué pasa con lo que sentimos en realidad? ¿Y nuestras convicciones? No tienen que pasar a segundo plano cuando ingresamos a la internet.
Veo y veo gente, compartiendo datos innecesarios, a gente que ni siquiera conoce, y si conociera, probablemente no interactuarían demasiado como personas. Yo, escribo lo justo y necesario. Ya ni siquiera puedo escribir con angustia como antes, porque ya no la siento.
Pero, ahora me detuve a observar con atención el mundo digital en el cual convivimos... y me da pena. Y no puedo hacer mucho al respecto, pues sólo soy una aguja en el pajar. Un joven, menor de edad, cuya influencia es mínima. Sólo influencio a quienes me conocen, a quienes les importo de verdad. Ése es mi público, y me gusta lucirme ante él. Porque sé que mi debilidad es mi ego. Y mientras más crece, más estúpidas encuentro a la gente que leo a diario en medios indirectos. Gente que se preocupa de trivialidades, que no entiende cuando las cosas suceden en la realidad.
¿Y yo? Me amargo la vida reclamando por esto que nadie puede detener, porque nadie puede controlar a las masas de forma eficiente; por lo menos, nadie que yo conozca personalmente.
Tal vez estoy abriendo más los ojos ante esta incipiente maquinización que se nos viene imponiendo desde los tiempos de Chaplin.
O tal vez sólo necesito dormir un poco.
(*Véase, The Matrix)
28 mar 2010
22 mar 2010
Ego
Me carga esta sociedad.
Odio que no sean fieles a los demás,
y mucho más aún,
que no sean fieles a ustedes mismos.
que no sean fieles a ustedes mismos.
Que cambien su opinión
Según quien los lea o escuche.
Que escondan sus sentimientos
de sus familias y amigos
y sólo los dejen escapar
en ciertos feriados.
Odio las frases como
"estimo conveniente", o
"yo creo que usted";
de falsos líderes sin carácter.
Odio que se sientan superiores,
que te apunten mirando hacia abajo.
Me da risa que traten de parecerse a
tal y cual tipo que ven en la calle,
y que luego pregunten, atónitos,
por qué son sólo uno más del montón.
Y a pesar de todo ello, callaré,
pues hasta yo mismo regocijo de su errar.
Amo saber todo aquello, oculto,
que sus mentes ni siquiera razguñan.
Me encanta desmembrarlos en mi mente
para luego simplemente sonreír.
y que luego pregunten, atónitos,
por qué son sólo uno más del montón.
Y a pesar de todo ello, callaré,
pues hasta yo mismo regocijo de su errar.
Amo saber todo aquello, oculto,
que sus mentes ni siquiera razguñan.
Me encanta desmembrarlos en mi mente
para luego simplemente sonreír.
Y lo mejor de este cáncer, lejos,
es creer que siempre tengo la razón.
Y, en selectas ocasiones,
saber que la tengo.
es creer que siempre tengo la razón.
Y, en selectas ocasiones,
saber que la tengo.
En esta edición:
basado en hechos reales,
reflexión
16 feb 2010
Cruzando la línea entre lo que se vende, y lo que nadie quiere comprar
Hace poco más de un mes vi la tan alabada película "Avatar", en los clásicos 35mm, en el Movieland de Valdivia. Me agradó la película en sí; la trama se desarrolla bastante bien, los personajes se sienten convincentes y atractivos. Todo lo que es animación computarizada queda realmente bien, a veces no se diferencia el CGI de la realidad. En ese aspecto no tengo queja, me parece excelente que Cameron haya esperado lo necesario para que estuviera disponible la tecnología necesaria para pasar su guión a la pantalla grande.
Los primeros días de Febrero, en Santiago, tuve la oportunidad de repetirme la película; esta vez, en 3D digital. Debo admitir que lo más agradable de la experiencia no fue el 3D en sí, sino la calidad digital. También fue agradable el efecto tridimensional; no era demasiado exagerado su uso, pero tampoco pasa más allá de una mera superposición de planos.
Ahora, con una segunda inspección a la película (y la posibilidad de verla un poco más concentrado; la primera vez, fui con mi polola), pude notar un detalle bastante grande que no noté la primera vez (bueno, aparte de cachar en qué punto el Jake Sully se afeitaba, yo juré que se habían pifeado con eso XD).
Teóricamente, se muestra a la civilización de los Na'Vi como una especie idílica; viven en comunión con la tierra y la naturaleza, con las almas, con todo su mundo. Están todos conectados y por ende, se entienden, se comunican, existen como una sociedad ideal. Además de que se aferran a sus costumbres sin destruir su ambiente y valoran lo que los rodea. En sintesis, se los trata de presentar como una civilización perfecta. Tienen todo lo que necesitan, y sobreviven sin dañar a los demás.
El detalle que noté: Si Cameron se empecinó tanto en crear la atmósfera y "vender la pomada" de la civilizacion perfecta, entonces ¿por qué los Na'Vi siguen teniendo vicios humanos?
Algunos sienten envidia por Jake Sully cuando demuestra sus habilidades o cuando es preferido y aceptado; otros lo rechazan simplemente porque es diferente, y otros lo demigran. Por ende, estos seres supuestamente idílicos dejan de serlo, ya que son a veces hasta más humanos que algunos de los personajes terrícolas.
Este detalle puede pasarse por alto cuando te dejas llevar por la trama que avanza bastante rápido y no da tregua a la vista del espectador (es una película altamente visual; si la vieras en otro idioma, de seguro entenderías más o menos hacia dónde va la micro), y por la cercanía que se genera entre el espectador y los personajes. Estuve conversando con un amigo que, aparte de ser fotógrafo y profesor, es crítico de cine en potencia, y me comentó que el motivo de la caracterización humana para los Na'Vi es muy simple; la gente debe identificarse con los personajes. Eso estaría bien, pero se contradice con lo que Cameron plantea en general sobre el pueblo. Ahora, ¿cuál es el motivo por el cual es necesario hacer esa identificación?
El maldito dinero. Como siempre.
Claro, Cameron podría haber intentado hacer un aporte y dejar a Avatar como una expresión artística. Plasmar la idea tal cual debiera ser, sin contradecirse con lo que él mismo expone y explica a través del filme. Pero NO, la mano es ganar plata. Por eso, debe ser un éxito de taquilla. No necesita ser fiel a si misma, cuando puede ganar dinero al funcionar de otra manera. Y obvio que da resultado, son claros. La crítica sigue apreciando el producto porque, no por el detalle deja de ser bueno (pero no espectacular, en mi opinión).
Pero, ¿qué costaría que se sigan haciendo más películas como arte, hoy en día? El cine que llega a nosotros es primordialmente taquillero; son pocos los que se atreven a expresar lo que piensan tal cual lo tenían planeado, la gran mayoría termina cediendo ante las productoras y los asesores. El público al que se apela masivamente busca un producto no muy profundo, es un público no acostumbrado a cranear demasiado al ver una película. Por ende, la trama debe ajustarse para hacerla digerible. Personajes humanos, identificables, simples. Como tú, como yo. "Para que la gallá lo entienda", como dijo mi amigo y mentor.
Y así se reduce el arte, se amplía el producto. Más cine enlatado para todos.
Es lo que el público pide, ¿no?
PD: El título de la entrada no lo pensé pensando en esto, sino en otra situación diferente. Pero me gustó. :B
Los primeros días de Febrero, en Santiago, tuve la oportunidad de repetirme la película; esta vez, en 3D digital. Debo admitir que lo más agradable de la experiencia no fue el 3D en sí, sino la calidad digital. También fue agradable el efecto tridimensional; no era demasiado exagerado su uso, pero tampoco pasa más allá de una mera superposición de planos.
Ahora, con una segunda inspección a la película (y la posibilidad de verla un poco más concentrado; la primera vez, fui con mi polola), pude notar un detalle bastante grande que no noté la primera vez (bueno, aparte de cachar en qué punto el Jake Sully se afeitaba, yo juré que se habían pifeado con eso XD).
Teóricamente, se muestra a la civilización de los Na'Vi como una especie idílica; viven en comunión con la tierra y la naturaleza, con las almas, con todo su mundo. Están todos conectados y por ende, se entienden, se comunican, existen como una sociedad ideal. Además de que se aferran a sus costumbres sin destruir su ambiente y valoran lo que los rodea. En sintesis, se los trata de presentar como una civilización perfecta. Tienen todo lo que necesitan, y sobreviven sin dañar a los demás.
El detalle que noté: Si Cameron se empecinó tanto en crear la atmósfera y "vender la pomada" de la civilizacion perfecta, entonces ¿por qué los Na'Vi siguen teniendo vicios humanos?
Algunos sienten envidia por Jake Sully cuando demuestra sus habilidades o cuando es preferido y aceptado; otros lo rechazan simplemente porque es diferente, y otros lo demigran. Por ende, estos seres supuestamente idílicos dejan de serlo, ya que son a veces hasta más humanos que algunos de los personajes terrícolas.
Este detalle puede pasarse por alto cuando te dejas llevar por la trama que avanza bastante rápido y no da tregua a la vista del espectador (es una película altamente visual; si la vieras en otro idioma, de seguro entenderías más o menos hacia dónde va la micro), y por la cercanía que se genera entre el espectador y los personajes. Estuve conversando con un amigo que, aparte de ser fotógrafo y profesor, es crítico de cine en potencia, y me comentó que el motivo de la caracterización humana para los Na'Vi es muy simple; la gente debe identificarse con los personajes. Eso estaría bien, pero se contradice con lo que Cameron plantea en general sobre el pueblo. Ahora, ¿cuál es el motivo por el cual es necesario hacer esa identificación?
El maldito dinero. Como siempre.
Claro, Cameron podría haber intentado hacer un aporte y dejar a Avatar como una expresión artística. Plasmar la idea tal cual debiera ser, sin contradecirse con lo que él mismo expone y explica a través del filme. Pero NO, la mano es ganar plata. Por eso, debe ser un éxito de taquilla. No necesita ser fiel a si misma, cuando puede ganar dinero al funcionar de otra manera. Y obvio que da resultado, son claros. La crítica sigue apreciando el producto porque, no por el detalle deja de ser bueno (pero no espectacular, en mi opinión).
Pero, ¿qué costaría que se sigan haciendo más películas como arte, hoy en día? El cine que llega a nosotros es primordialmente taquillero; son pocos los que se atreven a expresar lo que piensan tal cual lo tenían planeado, la gran mayoría termina cediendo ante las productoras y los asesores. El público al que se apela masivamente busca un producto no muy profundo, es un público no acostumbrado a cranear demasiado al ver una película. Por ende, la trama debe ajustarse para hacerla digerible. Personajes humanos, identificables, simples. Como tú, como yo. "Para que la gallá lo entienda", como dijo mi amigo y mentor.
Y así se reduce el arte, se amplía el producto. Más cine enlatado para todos.
Es lo que el público pide, ¿no?
PD: El título de la entrada no lo pensé pensando en esto, sino en otra situación diferente. Pero me gustó. :B
5 feb 2010
What's next?
Desde pequeño que recuerdo tener un pensamiento recurrente... no recuerdo exactamente a qué edad comenzó, pero recuerdo que se me ha venido a la mente desde hace tiempo. Probablemente desde que entendí bien los conceptos de "tiempo", "muerte" y "vida"; por lo menos, saber lo que significaban, lo que representaban.
El pensamiento se me ha hecho recurrente cuando me he visto en un estado emocional más relajado y tranquilo, o sea, cuando no tengo más problemas en los cuales pensar... o a veces, simplemente cuando recuerdo ese sentimiento. Es como un escalofrío que me recorre cuando lo pienso, como si mi organismo no quisiera que lo pensara.
Y tampoco es algo terrible o como para morirse, ni nada por el estilo. Es más que nada una duda existencial, bastante prematura ya que no tengo intención de irme de este mundo muy pronto, jamás la he tenido. Ahora, no es la excepcion.
Mi duda, desde pequeño, era:
"Cuándo yo muera, ¿qué pasa después?"
Eso es, reducido a su mínima expresión. Y no me refiero al más allá, al cielo o el infierno o algo por el estilo... me refiero, en cuanto al tiempo. Cuando yo muera, el tiempo seguirá corriendo... ¿qué pasará conmigo, después? Ya sé que estaré muerto, pero no por ello deja de correr. Obvio que el mundo sigue... y ahí viene otra pregunta. Si, por ejemplo, se acaba el mundo; digamos, se extermina la raza humana. ¿Qué pasa después? El tiempo seguirá corriendo. ¿Y nosotros? No estaremos.
Me asusta un poco el saber que, a final de cuentas, la vida es extremadamente corta y frágil. Después de que muera, ¿que pasa? El tiempo seguirá, sin mí... y me pongo a pensar... Cuando muera, dejo de existir en este mundo, ¿qué pasa con mi mente, entonces? ¿Simplemente, deja de funcionar? Me asusta saber que, después de morir, no podré hacer nada más, ahí se acaba el show...
Y creo que me está costando un poco expresar en palabras lo que siento. Más que nada, me cuestiono el concepto del tiempo... Como sé que todo tiene un inicio y un final, en algún punto, todo tendrá que acabar. Y cuando acabe el tiempo... ¿qué pasa después?
Piénsenlo, denle vueltas en la cabeza, a ver si logran armar el mismo rompecabezas que yo, en sus mentes. Tal vez les intimide un poco, tal vez les quede dando vueltas como a mí.
El pensamiento se me ha hecho recurrente cuando me he visto en un estado emocional más relajado y tranquilo, o sea, cuando no tengo más problemas en los cuales pensar... o a veces, simplemente cuando recuerdo ese sentimiento. Es como un escalofrío que me recorre cuando lo pienso, como si mi organismo no quisiera que lo pensara.
Y tampoco es algo terrible o como para morirse, ni nada por el estilo. Es más que nada una duda existencial, bastante prematura ya que no tengo intención de irme de este mundo muy pronto, jamás la he tenido. Ahora, no es la excepcion.
Mi duda, desde pequeño, era:
"Cuándo yo muera, ¿qué pasa después?"
Eso es, reducido a su mínima expresión. Y no me refiero al más allá, al cielo o el infierno o algo por el estilo... me refiero, en cuanto al tiempo. Cuando yo muera, el tiempo seguirá corriendo... ¿qué pasará conmigo, después? Ya sé que estaré muerto, pero no por ello deja de correr. Obvio que el mundo sigue... y ahí viene otra pregunta. Si, por ejemplo, se acaba el mundo; digamos, se extermina la raza humana. ¿Qué pasa después? El tiempo seguirá corriendo. ¿Y nosotros? No estaremos.
Me asusta un poco el saber que, a final de cuentas, la vida es extremadamente corta y frágil. Después de que muera, ¿que pasa? El tiempo seguirá, sin mí... y me pongo a pensar... Cuando muera, dejo de existir en este mundo, ¿qué pasa con mi mente, entonces? ¿Simplemente, deja de funcionar? Me asusta saber que, después de morir, no podré hacer nada más, ahí se acaba el show...
Y creo que me está costando un poco expresar en palabras lo que siento. Más que nada, me cuestiono el concepto del tiempo... Como sé que todo tiene un inicio y un final, en algún punto, todo tendrá que acabar. Y cuando acabe el tiempo... ¿qué pasa después?
Piénsenlo, denle vueltas en la cabeza, a ver si logran armar el mismo rompecabezas que yo, en sus mentes. Tal vez les intimide un poco, tal vez les quede dando vueltas como a mí.
En esta edición:
basado en hechos reales,
real,
reflexión
3 feb 2010
Hidden in Plain Sight
Eran cerca de las nueve de la noche, ya había bajado un poco el calor, y empezaba a oscurecer. No era la mejor de las noches para un viaje de negocios, pero podría ser peor. El terminal se veía frío, la gente incomunicada. Los tiempos no están para conversar con cualquiera, es comprensible. Además, yo tampoco ando con la mejor de las disposiciones para charlar. Y mucho menos, del clima, que es el tema habitual.
Cuando abordé el bus, el sol había terminado de ocultarse tras las montañas, a lo lejos. Grandes cantidades de humo ayudaban a ocultar al astro rey; hasta oscurecía más temprano, gracias a aquel gas presente en las alturas. Por suerte no estuve mucho tiempo allá; el humo y el calor me hubieran terminado por destruir, al cabo de una semana o más. Es cierto, no tengo los mejores pulmones ni las mejores vías respiratorias del mundo. Por suerte no fumo; estaría condenado, de ser así.
Los asientos eran bastante espaciosos y cómodos. Era para mí una novedad viajar en salón cama. Claro, para la hora de partida, era una necesidad; debía estar repuesto al día siguiente. Se me venía encima un día agotador lleno de negociaciones, reuniones, pautas, etc... Odio los viajes de negocios. Especialmente cuando voy partiendo de otra ciudad, ni siquiera de la propia. Echo de menos mi hogar, pero por el viaje imprevisto tendré que hacerme la idea de no regresar hasta dentro de un par de días más.
Y así pasaba el rato, mirando por la ventana. Ignoré por completo a los pasajeros que me acompañaban, no me interesa oírlos conversar. Me pongo así cuando viajo por obligación; me encierro en una burbuja. Y así miraba pasar las casas, los edificios, las luces en el exterior. Y de a poco, las casas pasaban a ser árboles; los edificios pasaban a ser praderas, las luces se apagaban. Daba gusto viajar y ver semejante paisaje afuera, me regocijaba saber que la contaminación y la degradación de las decadentes ciudades aledañas aún no extendían sus garras hasta esos lados de la carretera. Y seguí observando el paisaje, las montañas y el hielo que las cubría... las vacas pastando, aún de noche, disfrutando del aire fresco.
Y de pronto, todo se cubrió por una tela azul.
-"Lo siento, pero debemos cerrar las cortinas."
El asistente del bus se había dado el lujo de cerrar la cortina de la ventana en mis narices.
-"Vamos, déjeme mirar un rato más, no le hace daño, ¿o si?"
-"No es mi problema, son órdenes que debo cumplir. A esta hora se deben cerrar las cortinas, lo siento."
Y se fue. Así, mi voluntad de cliente y pasajero quedaba completamente vulnerada. No me importaban sus órdenes, no me interesaban los demás pasajeros, ni siquiera la integridad del bus. Era un viaje largo, y quería recrearme un rato. Se me hace imposible dormir en un bus, algo debía hacer. Esperé a que el asistente llegara hasta la cabina del piloto, y cuando cerró la puerta, volví a abrir mi cortina. Y todo seguía allí; el verde, las praderas, la luna y las estrellas bañando de fulgor mi ventana. Era como un sueño, pero tarde o temprano había que despertar...
Nuevamente la cortina, nuevamente el discurso.
"No PUEDE tener la cortina abierta, Órdenes."
Me quedé de brazos cruzados, sabía que no había mucho a mi alcance para hacer entonces. Pero, agh, qué rabia... Era algo tan simple... ¿cuál era el problema?
Al parecer, hace un par de meses se había dado la orden de cerrar las cortinas a determinada hora, sin algun propósito claro. Tampoco se divulgó la noticia, simplemente se efectuaba la orden. Sin aviso previo. A éso, se le sumó la cancelación de cualquier viaje terrestre por bus en el día. También se crearon rutas expeditas para quienes viajaran en auto. Así, se mantenía la ruta vieja despejada para los buses. Pero, ¿por qué?
En eso, volvió el asistente:
-"Puedo ofrecerle un trago, en compensación por su asunto de la cortina. Una vez más, lo siento, pero no depende de mí."
Dejó una copa en el portavasos de mi asiento, no sabía exactamente qué era, pero no tenía un aroma demasiado fuerte. Lo saboreé, y estaba bueno. Así que me bebí la copa. Y de ahí...
Desperté unas dos horas después. Al parecer, la bebida venía mezclada con alguna sustancia somnífera, no demasiado fuerte. Claro, para que no llegara a ser ilegal. "Así que me drogaron en un bus, ¿eh? Veamos cuánto me importan sus malditas órdenes" - Abrí la cortina.
Mala idea.
Lejos en el pasado quedó el hermoso paisaje que había observado hace unas horas. Todo lo que podía observarse era desierto; arena, restos de edificios, fuego, cadáveres. Parecía como si fuera un sitio abandonado después de alguna especie de guerra o un bombardeo, al cual jamás se dieron el lujo de venir a rescatar. Manchas de sangre en el pavimento, faroles intermitentes, dañados por el tiempo.
Éso explica por qué cierran las cortinas a determinada hora. Con que hay todo un mundo, una realidad; está oculta de la población. Bueno, suelen decir que los secretos mejor guardados están ocultos a plena vista. Resulta que ése era el caso; más allá de las cortinas, no había otra protección para evitar que las masas descubrieran el desastre.
Y en mi cabeza giraban mil y una ideas; ¿Qué demonios sucedió? ¿Por qué decidieron ocultarlo? ¿Quienes saben de esto? Y sobre todo... ¿Por qué mierda no hacen nada al respecto?
Me extraña que todos hayan estado de acuerdo en ocultarlo... las flotas de buses, aviones, trenes... todos deben cerrar las ventanas a cierta hora. Por eso habían rutas alternas. Alguien de mucho poder trataba de ocultar algo...
-"Se lo advertimos."
Sólo sentí un golpe en la nuca, quedé mareado. Entonces, la ventana de mi asiento se abrió. Forcejeé todo lo que pude, pero finalmente, el asistente logró empujarme a través de la ventana. Caí de seco al suelo, adolorido. Y descubrí que estaba perdido, en un lugar desolador; sin comida, sin energía, sin comunicación. A cientos de kilómetros de la ciudad más cercana, y en medio de un desastre. ¿Qué sacaba con volver, si hallarían la forma de desmentir lo que les contase? Preferí no levantarme del suelo, había perdido las esperanzas.
Un par de metros más allá, había un cadáver. Un hombre como de mi edad, de lentes, yacía tirado de espalda en el suelo, en un charco de sangre. Le fue peor que a mí, claramente. Entonces noté una frase en su polera; estaba en inglés. Como hombre de negocios que soy, debía manejar el idioma. Y no sé si habrá sido una casualidad, pero la frase me llegó, me chocó.
"Ignorance is bliss".
Cuando abordé el bus, el sol había terminado de ocultarse tras las montañas, a lo lejos. Grandes cantidades de humo ayudaban a ocultar al astro rey; hasta oscurecía más temprano, gracias a aquel gas presente en las alturas. Por suerte no estuve mucho tiempo allá; el humo y el calor me hubieran terminado por destruir, al cabo de una semana o más. Es cierto, no tengo los mejores pulmones ni las mejores vías respiratorias del mundo. Por suerte no fumo; estaría condenado, de ser así.
Los asientos eran bastante espaciosos y cómodos. Era para mí una novedad viajar en salón cama. Claro, para la hora de partida, era una necesidad; debía estar repuesto al día siguiente. Se me venía encima un día agotador lleno de negociaciones, reuniones, pautas, etc... Odio los viajes de negocios. Especialmente cuando voy partiendo de otra ciudad, ni siquiera de la propia. Echo de menos mi hogar, pero por el viaje imprevisto tendré que hacerme la idea de no regresar hasta dentro de un par de días más.
Y así pasaba el rato, mirando por la ventana. Ignoré por completo a los pasajeros que me acompañaban, no me interesa oírlos conversar. Me pongo así cuando viajo por obligación; me encierro en una burbuja. Y así miraba pasar las casas, los edificios, las luces en el exterior. Y de a poco, las casas pasaban a ser árboles; los edificios pasaban a ser praderas, las luces se apagaban. Daba gusto viajar y ver semejante paisaje afuera, me regocijaba saber que la contaminación y la degradación de las decadentes ciudades aledañas aún no extendían sus garras hasta esos lados de la carretera. Y seguí observando el paisaje, las montañas y el hielo que las cubría... las vacas pastando, aún de noche, disfrutando del aire fresco.
Y de pronto, todo se cubrió por una tela azul.
-"Lo siento, pero debemos cerrar las cortinas."
El asistente del bus se había dado el lujo de cerrar la cortina de la ventana en mis narices.
-"Vamos, déjeme mirar un rato más, no le hace daño, ¿o si?"
-"No es mi problema, son órdenes que debo cumplir. A esta hora se deben cerrar las cortinas, lo siento."
Y se fue. Así, mi voluntad de cliente y pasajero quedaba completamente vulnerada. No me importaban sus órdenes, no me interesaban los demás pasajeros, ni siquiera la integridad del bus. Era un viaje largo, y quería recrearme un rato. Se me hace imposible dormir en un bus, algo debía hacer. Esperé a que el asistente llegara hasta la cabina del piloto, y cuando cerró la puerta, volví a abrir mi cortina. Y todo seguía allí; el verde, las praderas, la luna y las estrellas bañando de fulgor mi ventana. Era como un sueño, pero tarde o temprano había que despertar...
Nuevamente la cortina, nuevamente el discurso.
"No PUEDE tener la cortina abierta, Órdenes."
Me quedé de brazos cruzados, sabía que no había mucho a mi alcance para hacer entonces. Pero, agh, qué rabia... Era algo tan simple... ¿cuál era el problema?
Al parecer, hace un par de meses se había dado la orden de cerrar las cortinas a determinada hora, sin algun propósito claro. Tampoco se divulgó la noticia, simplemente se efectuaba la orden. Sin aviso previo. A éso, se le sumó la cancelación de cualquier viaje terrestre por bus en el día. También se crearon rutas expeditas para quienes viajaran en auto. Así, se mantenía la ruta vieja despejada para los buses. Pero, ¿por qué?
En eso, volvió el asistente:
-"Puedo ofrecerle un trago, en compensación por su asunto de la cortina. Una vez más, lo siento, pero no depende de mí."
Dejó una copa en el portavasos de mi asiento, no sabía exactamente qué era, pero no tenía un aroma demasiado fuerte. Lo saboreé, y estaba bueno. Así que me bebí la copa. Y de ahí...
Desperté unas dos horas después. Al parecer, la bebida venía mezclada con alguna sustancia somnífera, no demasiado fuerte. Claro, para que no llegara a ser ilegal. "Así que me drogaron en un bus, ¿eh? Veamos cuánto me importan sus malditas órdenes" - Abrí la cortina.
Mala idea.
Lejos en el pasado quedó el hermoso paisaje que había observado hace unas horas. Todo lo que podía observarse era desierto; arena, restos de edificios, fuego, cadáveres. Parecía como si fuera un sitio abandonado después de alguna especie de guerra o un bombardeo, al cual jamás se dieron el lujo de venir a rescatar. Manchas de sangre en el pavimento, faroles intermitentes, dañados por el tiempo.
Éso explica por qué cierran las cortinas a determinada hora. Con que hay todo un mundo, una realidad; está oculta de la población. Bueno, suelen decir que los secretos mejor guardados están ocultos a plena vista. Resulta que ése era el caso; más allá de las cortinas, no había otra protección para evitar que las masas descubrieran el desastre.
Y en mi cabeza giraban mil y una ideas; ¿Qué demonios sucedió? ¿Por qué decidieron ocultarlo? ¿Quienes saben de esto? Y sobre todo... ¿Por qué mierda no hacen nada al respecto?
Me extraña que todos hayan estado de acuerdo en ocultarlo... las flotas de buses, aviones, trenes... todos deben cerrar las ventanas a cierta hora. Por eso habían rutas alternas. Alguien de mucho poder trataba de ocultar algo...
-"Se lo advertimos."
Sólo sentí un golpe en la nuca, quedé mareado. Entonces, la ventana de mi asiento se abrió. Forcejeé todo lo que pude, pero finalmente, el asistente logró empujarme a través de la ventana. Caí de seco al suelo, adolorido. Y descubrí que estaba perdido, en un lugar desolador; sin comida, sin energía, sin comunicación. A cientos de kilómetros de la ciudad más cercana, y en medio de un desastre. ¿Qué sacaba con volver, si hallarían la forma de desmentir lo que les contase? Preferí no levantarme del suelo, había perdido las esperanzas.
Un par de metros más allá, había un cadáver. Un hombre como de mi edad, de lentes, yacía tirado de espalda en el suelo, en un charco de sangre. Le fue peor que a mí, claramente. Entonces noté una frase en su polera; estaba en inglés. Como hombre de negocios que soy, debía manejar el idioma. Y no sé si habrá sido una casualidad, pero la frase me llegó, me chocó.
"Ignorance is bliss".
En esta edición:
basado en hechos reales,
ficción,
random
20 ene 2010
Fuga
(Basado ligeramente en hechos reales)
En un día como hoy, hace cuatro meses, nos conocimos. Fue furtivo, trivial, y aunque vi algo en el brillo de tus ojos aquella noche, jamás pensé volverte a ver.
En un día como hoy, hace tres meses, nos volvimos a ver. Como si el destino hubiese maquinado para re-encontrarnos, en una tarde me ofreciste consuelo. Y al final del día, obtuve más que eso, algo que jamás habría esperado.
Y en un par de días más, nos volvimos a encontrar. Desde ese momento, quedamos enlazados, y hasta ahora no nos hemos vuelto a separar. Psicológicamente, claro, Porque físicamente, no podemos estar totalmente juntos, por ahora.
Con el pasar de los meses, nos hemos ido conociendo. Cada vez con más confianza, superando los obstáculos que el diaro vivir nos ha impuesto. Que no han sido pocos, por cierto. Y hemos tenido más de algún altercado, eso lo sabemos perfectamente. Pero hemos logrado salir adelante, ¿verdad? Claro que sí.
A veces, hay cosas que tenemos que saber controlar, y otras veces nos dejamos llevar por nuestras emociones. Siempre me he sentido bastante frío de cabeza en cuanto a mi toma de decisiones. Sin embargo, aquella vez me comentaste...
"Quiero que huyamos. Fuguémosnos, amor."
Y me quedaron dando vuelta tus palabras. Siempre me has hablado de lo incómoda que te sientes en tu hogar, de lo mucho que quieres largarte, y de que te molesta que tu familia intervenga en lo nuestro... honestamente, trato de aprender a vivir con ello, para bien de ambos. Pero, ese día...
"Huyamos."
Tus ojos brillaban. No supe qué decirte, pero en ese momento quise huir, para pensarlo bien. Me gusta pensar las cosas antes de actuar, pero en ese momento no fui capaz. Tus ojos, tu mirada... algo me hizo convencer que lo que me decías era urgente, era real. Era un riesgo latente, algo podía pasar. Lo mejor que podíamos hacer era huir... Tenías razón, en ese momento lo creí.
Pasó una semana, y lo planeamos. Debíamos huir, no solo del hogar, sino de la ciudad. Si nos encontraban, correríamos un riesgo inmenso. Jamás nos veríamos de nuevo. Lo sabíamos, pero aún así nos arriesgamos. Y así juntamos nuestros pesos, todo el dinero que pudimos conseguir, y compramos los pasajes. Un viaje de noche en bus, perfecto para escapar, así sería difícil que nos encuentren. Guardamos algo de ropa para el camino, y decidimos buscar en qué trabajar una vez llegado a destino. Allá buscaríamos donde hospedarnos. Allá encontraríamos comida, dinero y éxito. Nunca supimos exactamente cómo, pero estaba todo claro en nuestras mentes. O mejor dicho, nos nublamos y creímos saber que así sería, en realidad, jamás tuvimos algo seguro. Y aún así, confiamos el uno en el otro, y escapamos.
Al día siguiente, llegamos felices y emocionados, por la aventura que se desenvolvía ante nosotros. Podríamos explorar a nuestro gusto, y podríamos hospedarnos un par de días con el dinero que nos quedó. Aún así, necesitaríamos un trabajo estable para subsistir. No importó haber abandonado los estudios, no importó la falta de experiencia o de edad. Era nuestra meta, y la ibamos a cumplir, fuese como fuese.
Conseguimos hospedaje, conseguimos trabajo, todo iba bien.
"Ahora soy feliz, contigo."
Esas palabras hacían levantarme cada día con más ímpetu, con más ánimo. Trabajar más duro, para que pudieramos vivir más cómodos. Más felices, y juntos. Porque al fin y al cabo eso era lo que importaba, ¿verdad? Claro que sí.
Y así pasaron tres meses más...
Ya no teníamos trabajo, ya no teníamos hospedaje. Sufríamos hambre cada día, aguantábamos el frío cada noche. Jamás volvimos a saber de nuestras familias, a estas alturas ya nos deben haber dado por muertos. De seguro se pelearon, echándose la culpa los unos a los otros sobre nuestro escape. Parece que causamos más problemas de los que solucionamos, y a final de cuentas, moriremos de todas maneras. Jamás había estado tan delgado, y tú jamás habías estado tan triste en el tiempo que estuvimos juntos. Te alegraba que estuvieramos juntos, pero las condiciones eran horribles.
"Amor, tengo mucha hambre."
Tu voz siempre lograba calmarme, inducirme un estado de semi-inconciencia. Obedecía cualquier orden que me dieras al oído en un susurro, pero ahora era distinto. No era un capricho o un jugueteo, era un llamado desesperado para tratar de sobrevivir. Era algo que necesitábamos. Y así, decidí hacer algo arriesgado.
"Espérame afuera, no me tardo. En cuanto me veas salir, corre conmigo. Deberemos huir una vez más."
Y así, entré al local. Era un supermercado bastante grande, lleno de gente, apenas podía caminar entre el tumulto. Avancé hasta llegar al pan, llené una bolsa. Pasé al pasillo de los lácteos, saqué algo de queso. También llevé leche, todo en un canasto. Eso era suficiente por ahora, y sería bastante alimenticio. Me acerqué a una caja, miré de reojo a la cajera. Mientras un chico guardaba mis productos en una bolsa, yo fingía buscar dinero en mi bolsillo. Y en cuanto supe que la bolsa estaba lista, corrí. Le quité la bolsa al empaquetador de las manos, y aceleré hacia la salida. Dos guardias me vieron, pero no eran tan ágiles como para alcanzarme. Los evadí, y llegué a la salida. Tomé tu mano.
"Corre, y no mires hacia atrás."
Corrimos, pero nos encontraron. Aparentemente, los guardias dieron aviso de mi pequeño crimen a un policía que se encontraba rondando la zona. Era mucho más ágil que los guardias, pues estaba a punto de alcanzarnos. En eso, rompí la regla, y miré hacia atrás. Y sólo alcancé a ver como el policía blandía su arma de servicio, y apuntaba. Y tú, tan atenta como siempre, notaste que miré hacia atrás, y me empujaste hacia un lado. En eso, se oyó un estruendo, y mi vista se cubrió de rojo. Caí al suelo, pero no sentí dolor.
El problema: tu también caíste.
El oficial se acercó, y antes de que pudiera preguntar qué había sucedido, me lanzé sobre él, lo derribé, y golpeé su cabeza contra el suelo. Así, otra mancha roja, pero un peligro menos. A esas alturas, ya tenía nada que perder. Me fui a tu lado, y sólo entonces descubrí de dónde provenía la otra mancha roja. Estabas cubierta de sangre, de tu torso emanaban litros, que iban a dar al cemento. Me miraste, y sonreíste. Sabías que amaba tu sonrisa.
"Sé fuerte, por ambos. Sé fuerte..."
Tus últimas palabras, las bendigo y las maldigo. Te tomé en mis brazos, te traté de mover, pero una vez proferida la última sílaba, tus ojos se cerraron para siempre. Y pronto, la salada sangre se mezcló con mis lágrimas. Era un peso que no podría cargar.
Tus palabras sonaban en mi mente cada puto día, cada maldito momento. Debía ser fuerte por ambos. Pero, no podía. No pude ser fuerte cuando, cubierto de vómito, me quedé dormido en la calle luego de haberme emborrachado. No pude ser fuerte cuando robé a una señora indefensa para pagar una sepultura para tí. No pude ser fuerte cuando decidí enterrarte yo mismo, no fui capaz de arrojarte al pozo.
Y mucho menos fui capaz de ser fuerte cuando me encontré a punto de ahorcarme, parado sobre una silla, con el cuello en una soga. Y estaba a punto de patear la silla, cuando tus palabras volvieron a mí. Debía ser fuerte, por ambos. No podía, las lágrimas caían solas. Y entonces, pateé la silla. Quedé suspendido, y junto con tus palabras, el oxígeno abandonaba mi cuerpo... todo se fue a negro.
Desperté, y te vi de nuevo. ¿Estaba soñando? ¿Estaba muerto? Estaba en tu casa. Estabamos ahí, como siempre, sentados en el sillón de abajo. Con la puerta cerrada, y la música prendida. Tu polerón negro, mi camisa roja. Tu jeans con bolsillos de mentira, mi jeans con bolsillos reales. Tus zapatillas negras, mis converse azules. Tal y como dejamos todo, antes de partir.
Y ahí juramos sobreponernos ante todo, jamás dar la espalda.
Y prometimos jamás hacer una locura con tal de lograrlo.
Ahí prometimos ser fuertes, por ambos...
Y así lo seremos, lo sé.
En un día como hoy, hace cuatro meses, nos conocimos. Fue furtivo, trivial, y aunque vi algo en el brillo de tus ojos aquella noche, jamás pensé volverte a ver.
En un día como hoy, hace tres meses, nos volvimos a ver. Como si el destino hubiese maquinado para re-encontrarnos, en una tarde me ofreciste consuelo. Y al final del día, obtuve más que eso, algo que jamás habría esperado.
Y en un par de días más, nos volvimos a encontrar. Desde ese momento, quedamos enlazados, y hasta ahora no nos hemos vuelto a separar. Psicológicamente, claro, Porque físicamente, no podemos estar totalmente juntos, por ahora.
Con el pasar de los meses, nos hemos ido conociendo. Cada vez con más confianza, superando los obstáculos que el diaro vivir nos ha impuesto. Que no han sido pocos, por cierto. Y hemos tenido más de algún altercado, eso lo sabemos perfectamente. Pero hemos logrado salir adelante, ¿verdad? Claro que sí.
A veces, hay cosas que tenemos que saber controlar, y otras veces nos dejamos llevar por nuestras emociones. Siempre me he sentido bastante frío de cabeza en cuanto a mi toma de decisiones. Sin embargo, aquella vez me comentaste...
"Quiero que huyamos. Fuguémosnos, amor."
Y me quedaron dando vuelta tus palabras. Siempre me has hablado de lo incómoda que te sientes en tu hogar, de lo mucho que quieres largarte, y de que te molesta que tu familia intervenga en lo nuestro... honestamente, trato de aprender a vivir con ello, para bien de ambos. Pero, ese día...
"Huyamos."
Tus ojos brillaban. No supe qué decirte, pero en ese momento quise huir, para pensarlo bien. Me gusta pensar las cosas antes de actuar, pero en ese momento no fui capaz. Tus ojos, tu mirada... algo me hizo convencer que lo que me decías era urgente, era real. Era un riesgo latente, algo podía pasar. Lo mejor que podíamos hacer era huir... Tenías razón, en ese momento lo creí.
Pasó una semana, y lo planeamos. Debíamos huir, no solo del hogar, sino de la ciudad. Si nos encontraban, correríamos un riesgo inmenso. Jamás nos veríamos de nuevo. Lo sabíamos, pero aún así nos arriesgamos. Y así juntamos nuestros pesos, todo el dinero que pudimos conseguir, y compramos los pasajes. Un viaje de noche en bus, perfecto para escapar, así sería difícil que nos encuentren. Guardamos algo de ropa para el camino, y decidimos buscar en qué trabajar una vez llegado a destino. Allá buscaríamos donde hospedarnos. Allá encontraríamos comida, dinero y éxito. Nunca supimos exactamente cómo, pero estaba todo claro en nuestras mentes. O mejor dicho, nos nublamos y creímos saber que así sería, en realidad, jamás tuvimos algo seguro. Y aún así, confiamos el uno en el otro, y escapamos.
Al día siguiente, llegamos felices y emocionados, por la aventura que se desenvolvía ante nosotros. Podríamos explorar a nuestro gusto, y podríamos hospedarnos un par de días con el dinero que nos quedó. Aún así, necesitaríamos un trabajo estable para subsistir. No importó haber abandonado los estudios, no importó la falta de experiencia o de edad. Era nuestra meta, y la ibamos a cumplir, fuese como fuese.
Conseguimos hospedaje, conseguimos trabajo, todo iba bien.
"Ahora soy feliz, contigo."
Esas palabras hacían levantarme cada día con más ímpetu, con más ánimo. Trabajar más duro, para que pudieramos vivir más cómodos. Más felices, y juntos. Porque al fin y al cabo eso era lo que importaba, ¿verdad? Claro que sí.
Y así pasaron tres meses más...
Ya no teníamos trabajo, ya no teníamos hospedaje. Sufríamos hambre cada día, aguantábamos el frío cada noche. Jamás volvimos a saber de nuestras familias, a estas alturas ya nos deben haber dado por muertos. De seguro se pelearon, echándose la culpa los unos a los otros sobre nuestro escape. Parece que causamos más problemas de los que solucionamos, y a final de cuentas, moriremos de todas maneras. Jamás había estado tan delgado, y tú jamás habías estado tan triste en el tiempo que estuvimos juntos. Te alegraba que estuvieramos juntos, pero las condiciones eran horribles.
"Amor, tengo mucha hambre."
Tu voz siempre lograba calmarme, inducirme un estado de semi-inconciencia. Obedecía cualquier orden que me dieras al oído en un susurro, pero ahora era distinto. No era un capricho o un jugueteo, era un llamado desesperado para tratar de sobrevivir. Era algo que necesitábamos. Y así, decidí hacer algo arriesgado.
"Espérame afuera, no me tardo. En cuanto me veas salir, corre conmigo. Deberemos huir una vez más."
Y así, entré al local. Era un supermercado bastante grande, lleno de gente, apenas podía caminar entre el tumulto. Avancé hasta llegar al pan, llené una bolsa. Pasé al pasillo de los lácteos, saqué algo de queso. También llevé leche, todo en un canasto. Eso era suficiente por ahora, y sería bastante alimenticio. Me acerqué a una caja, miré de reojo a la cajera. Mientras un chico guardaba mis productos en una bolsa, yo fingía buscar dinero en mi bolsillo. Y en cuanto supe que la bolsa estaba lista, corrí. Le quité la bolsa al empaquetador de las manos, y aceleré hacia la salida. Dos guardias me vieron, pero no eran tan ágiles como para alcanzarme. Los evadí, y llegué a la salida. Tomé tu mano.
"Corre, y no mires hacia atrás."
Corrimos, pero nos encontraron. Aparentemente, los guardias dieron aviso de mi pequeño crimen a un policía que se encontraba rondando la zona. Era mucho más ágil que los guardias, pues estaba a punto de alcanzarnos. En eso, rompí la regla, y miré hacia atrás. Y sólo alcancé a ver como el policía blandía su arma de servicio, y apuntaba. Y tú, tan atenta como siempre, notaste que miré hacia atrás, y me empujaste hacia un lado. En eso, se oyó un estruendo, y mi vista se cubrió de rojo. Caí al suelo, pero no sentí dolor.
El problema: tu también caíste.
El oficial se acercó, y antes de que pudiera preguntar qué había sucedido, me lanzé sobre él, lo derribé, y golpeé su cabeza contra el suelo. Así, otra mancha roja, pero un peligro menos. A esas alturas, ya tenía nada que perder. Me fui a tu lado, y sólo entonces descubrí de dónde provenía la otra mancha roja. Estabas cubierta de sangre, de tu torso emanaban litros, que iban a dar al cemento. Me miraste, y sonreíste. Sabías que amaba tu sonrisa.
"Sé fuerte, por ambos. Sé fuerte..."
Tus últimas palabras, las bendigo y las maldigo. Te tomé en mis brazos, te traté de mover, pero una vez proferida la última sílaba, tus ojos se cerraron para siempre. Y pronto, la salada sangre se mezcló con mis lágrimas. Era un peso que no podría cargar.
Tus palabras sonaban en mi mente cada puto día, cada maldito momento. Debía ser fuerte por ambos. Pero, no podía. No pude ser fuerte cuando, cubierto de vómito, me quedé dormido en la calle luego de haberme emborrachado. No pude ser fuerte cuando robé a una señora indefensa para pagar una sepultura para tí. No pude ser fuerte cuando decidí enterrarte yo mismo, no fui capaz de arrojarte al pozo.
Y mucho menos fui capaz de ser fuerte cuando me encontré a punto de ahorcarme, parado sobre una silla, con el cuello en una soga. Y estaba a punto de patear la silla, cuando tus palabras volvieron a mí. Debía ser fuerte, por ambos. No podía, las lágrimas caían solas. Y entonces, pateé la silla. Quedé suspendido, y junto con tus palabras, el oxígeno abandonaba mi cuerpo... todo se fue a negro.
Desperté, y te vi de nuevo. ¿Estaba soñando? ¿Estaba muerto? Estaba en tu casa. Estabamos ahí, como siempre, sentados en el sillón de abajo. Con la puerta cerrada, y la música prendida. Tu polerón negro, mi camisa roja. Tu jeans con bolsillos de mentira, mi jeans con bolsillos reales. Tus zapatillas negras, mis converse azules. Tal y como dejamos todo, antes de partir.
Y ahí juramos sobreponernos ante todo, jamás dar la espalda.
Y prometimos jamás hacer una locura con tal de lograrlo.
Ahí prometimos ser fuertes, por ambos...
Y así lo seremos, lo sé.
En esta edición:
basado en hechos reales,
cucharón,
dedicadas,
ficción
10 ene 2010
Negativismo
A pesar de lo extrovertida de mi personalidad, siempre he sido una persona bastante solitaria. Tal vez por ello siento un desapego hacia mi familia, o tal vez por eso no echo de menos a la gente. Como algunos de ustedes sabrán, soy hijo de padres separados, por lo que mi infancia más tierna se vio manchada por una serie de incidentes que dejaron totalmente disperso el afecto hacia mis padres. En tanto, mi madre tuvo que trabajar bastante para mantenernos a ambos (aparte de la pensión alimenticia, claro), por lo que debía aceptar cualquier turno que le tocara en la empresa (trabajaba como telefonista en Telefónica del Sur), incluyendo exhaustivos turnos de noche. Así, pasaron meses en que el tiempo que pasaba con mi madre era poco, y me debía quedar con mi abuelo, que me cuidaba. Tal vez, en el fondo, formé una imágen de mi mismo como un "cacho" para la familia, no sé, pero algo me hace tener un desapego con ellos, con todos, aunque no me hayan hecho nada.
Y mientras todo eso sucedía, yo estaba atrapado en un ambiente hostil. Me cargaba mi colegio, mis compañeros, sólo tenía un par de "amigos". Y uso las comillas, porque realmente, no conservo nada de allá hasta el día de hoy. El único amigo que tuve, lo he visto contadas veces después de eso. Y me debe plata, por cierto. O sea...
Como soy hijo único, generalmente me he pasado sin compañía de mi edad. Cuando me enfoco en algo, me estorba tener compañía. No se lleven una mala impresión, me encanta salir y pasar un buen rato con mis amigos, conversar, qué se yo, pero hay veces en las que me siento mucho más a gusto estando solo. Me incomoda tener gente cerca mientras escucho música, mientras leo, mientras escribo, mientras juego, mientras estoy en el PC, mientras descanso, mientras reflexiono, casi siempre, de hecho. Es difícil para mi formar una amistad con la cual pueda divertirme en cualquier momento, y sentirme a gusto. Tal vez por eso me siento, a veces, incapaz de estar en pareja. Yo necesito tener las situaciones bajo control, bajo mi control. Tampoco soy tan autoritario en ese aspecto respecto a mi pareja, obviamente le permito tomar decisiones y todo eso, no soy Hitler ni mucho menos. Mi problema es que, cuando comparto con alguien de forma un poco más cercana, me incomoda todo el resto del mundo. Si tengo que soportar a otras personas por estar con la persona que quiero, será. Pero todo tiene un límite para mí.
Tal vez lo que escribo tiene un dejo de egoísmo y egocentrismo, y creo que podrá ser ocasionado por el hecho de haber sido criado como el hijo regalón, el pródigo, el único. Y me encanta ser el centro de atención, lo admito; de hecho, no es secreto. Y puede ser un mal hábito que hasta ahora, no he sabido eliminar. Es parte de mí, y no quiero cambiar, me gusta ser como soy. Sigo siendo sociable, sigo siendo amistoso (por lo general; con mis amigos), sigo siendo cariñoso, sigo aguantando ciertas cosas que me molestan
Pero en esencia, sigo siendo una especie de ermitaño, un lobo solitario, en el cuerpo de una persona sociable. El problema viene cuando sale a flote el lado negativo de este weón, ese lado negativo que hasta hace poco había quedado enterrado, en el pasado. Probablemente, la decepción que siento ahora se disipará en un par de horas más, y aceptaré que las cosas no siempre serán como yo quiero...
Pero en el fondo, sigo estando chato de todo esto. Pensé que las cosas iban a cambiar, me hice ilusiones. Y ahora, se quebraron por completo. No quiero verle la cara a nadie más, sólo a tí.
Ya veo que es imposible, ¿verdad?
Y mientras todo eso sucedía, yo estaba atrapado en un ambiente hostil. Me cargaba mi colegio, mis compañeros, sólo tenía un par de "amigos". Y uso las comillas, porque realmente, no conservo nada de allá hasta el día de hoy. El único amigo que tuve, lo he visto contadas veces después de eso. Y me debe plata, por cierto. O sea...
Como soy hijo único, generalmente me he pasado sin compañía de mi edad. Cuando me enfoco en algo, me estorba tener compañía. No se lleven una mala impresión, me encanta salir y pasar un buen rato con mis amigos, conversar, qué se yo, pero hay veces en las que me siento mucho más a gusto estando solo. Me incomoda tener gente cerca mientras escucho música, mientras leo, mientras escribo, mientras juego, mientras estoy en el PC, mientras descanso, mientras reflexiono, casi siempre, de hecho. Es difícil para mi formar una amistad con la cual pueda divertirme en cualquier momento, y sentirme a gusto. Tal vez por eso me siento, a veces, incapaz de estar en pareja. Yo necesito tener las situaciones bajo control, bajo mi control. Tampoco soy tan autoritario en ese aspecto respecto a mi pareja, obviamente le permito tomar decisiones y todo eso, no soy Hitler ni mucho menos. Mi problema es que, cuando comparto con alguien de forma un poco más cercana, me incomoda todo el resto del mundo. Si tengo que soportar a otras personas por estar con la persona que quiero, será. Pero todo tiene un límite para mí.
Tal vez lo que escribo tiene un dejo de egoísmo y egocentrismo, y creo que podrá ser ocasionado por el hecho de haber sido criado como el hijo regalón, el pródigo, el único. Y me encanta ser el centro de atención, lo admito; de hecho, no es secreto. Y puede ser un mal hábito que hasta ahora, no he sabido eliminar. Es parte de mí, y no quiero cambiar, me gusta ser como soy. Sigo siendo sociable, sigo siendo amistoso (por lo general; con mis amigos), sigo siendo cariñoso, sigo aguantando ciertas cosas que me molestan
Pero en esencia, sigo siendo una especie de ermitaño, un lobo solitario, en el cuerpo de una persona sociable. El problema viene cuando sale a flote el lado negativo de este weón, ese lado negativo que hasta hace poco había quedado enterrado, en el pasado. Probablemente, la decepción que siento ahora se disipará en un par de horas más, y aceptaré que las cosas no siempre serán como yo quiero...
Pero en el fondo, sigo estando chato de todo esto. Pensé que las cosas iban a cambiar, me hice ilusiones. Y ahora, se quebraron por completo. No quiero verle la cara a nadie más, sólo a tí.
Ya veo que es imposible, ¿verdad?
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