3 feb 2010

Hidden in Plain Sight

Eran cerca de las nueve de la noche, ya había bajado un poco el calor, y empezaba a oscurecer. No era la mejor de las noches para un viaje de negocios, pero podría ser peor. El terminal se veía frío, la gente incomunicada. Los tiempos no están para conversar con cualquiera, es comprensible. Además, yo tampoco ando con la mejor de las disposiciones para charlar. Y mucho menos, del clima, que es el tema habitual.

Cuando abordé el bus, el sol había terminado de ocultarse tras las montañas, a lo lejos. Grandes cantidades de humo ayudaban a ocultar al astro rey; hasta oscurecía más temprano, gracias a aquel gas presente en las alturas. Por suerte no estuve mucho tiempo allá; el humo y el calor me hubieran terminado por destruir, al cabo de una semana o más. Es cierto, no tengo los mejores pulmones ni las mejores vías respiratorias del mundo. Por suerte no fumo; estaría condenado, de ser así.

Los asientos eran bastante espaciosos y cómodos. Era para mí una novedad viajar en salón cama. Claro, para la hora de partida, era una necesidad; debía estar repuesto al día siguiente. Se me venía encima un día agotador lleno de negociaciones, reuniones, pautas, etc... Odio los viajes de negocios. Especialmente cuando voy partiendo de otra ciudad, ni siquiera de la propia. Echo de menos mi hogar, pero por el viaje imprevisto tendré que hacerme la idea de no regresar hasta dentro de un par de días más.

Y así pasaba el rato, mirando por la ventana. Ignoré por completo a los pasajeros que me acompañaban, no me interesa oírlos conversar. Me pongo así cuando viajo por obligación; me encierro en una burbuja. Y así miraba pasar las casas, los edificios, las luces en el exterior. Y de a poco, las casas pasaban a ser árboles; los edificios pasaban a ser praderas, las luces se apagaban. Daba gusto viajar y ver semejante paisaje afuera, me regocijaba saber que la contaminación y la degradación de las decadentes ciudades aledañas aún no extendían sus garras hasta esos lados de la carretera. Y seguí observando el paisaje, las montañas y el hielo que las cubría... las vacas pastando, aún de noche, disfrutando del aire fresco.

Y de pronto, todo se cubrió por una tela azul.

-"Lo siento, pero debemos cerrar las cortinas."

El asistente del bus se había dado el lujo de cerrar la cortina de la ventana en mis narices.

-"Vamos, déjeme mirar un rato más, no le hace daño, ¿o si?"

-"No es mi problema, son órdenes que debo cumplir. A esta hora se deben cerrar las cortinas, lo siento."

Y se fue. Así, mi voluntad de cliente y pasajero quedaba completamente vulnerada. No me importaban sus órdenes, no me interesaban los demás pasajeros, ni siquiera la integridad del bus. Era un viaje largo, y quería recrearme un rato. Se me hace imposible dormir en un bus, algo debía hacer. Esperé a que el asistente llegara hasta la cabina del piloto, y cuando cerró la puerta, volví a abrir mi cortina. Y todo seguía allí; el verde, las praderas, la luna y las estrellas bañando de fulgor mi ventana. Era como un sueño, pero tarde o temprano había que despertar...

Nuevamente la cortina, nuevamente el discurso.

"No PUEDE tener la cortina abierta, Órdenes."

Me quedé de brazos cruzados, sabía que no había mucho a mi alcance para hacer entonces. Pero, agh, qué rabia... Era algo tan simple... ¿cuál era el problema?
Al parecer, hace un par de meses se había dado la orden de cerrar las cortinas a determinada hora, sin algun propósito claro. Tampoco se divulgó la noticia, simplemente se efectuaba la orden. Sin aviso previo. A éso, se le sumó la cancelación de cualquier viaje terrestre por bus en el día. También se crearon rutas expeditas para quienes viajaran en auto. Así, se mantenía la ruta vieja despejada para los buses. Pero, ¿por qué?
En eso, volvió el asistente:

-"Puedo ofrecerle un trago, en compensación por su asunto de la cortina. Una vez más, lo siento, pero no depende de mí."

Dejó una copa en el portavasos de mi asiento, no sabía exactamente qué era, pero no tenía un aroma demasiado fuerte. Lo saboreé, y estaba bueno. Así que me bebí la copa. Y de ahí...

Desperté unas dos horas después. Al parecer, la bebida venía mezclada con alguna sustancia somnífera, no demasiado fuerte. Claro, para que no llegara a ser ilegal. "Así que me drogaron en un bus, ¿eh? Veamos cuánto me importan sus malditas órdenes" - Abrí la cortina.
Mala idea.

Lejos en el pasado quedó el hermoso paisaje que había observado hace unas horas. Todo lo que podía observarse era desierto; arena, restos de edificios, fuego, cadáveres. Parecía como si fuera un sitio abandonado después de alguna especie de guerra o un bombardeo, al cual jamás se dieron el lujo de venir a rescatar. Manchas de sangre en el pavimento, faroles intermitentes, dañados por el tiempo.

Éso explica por qué cierran las cortinas a determinada hora. Con que hay todo un mundo, una realidad; está oculta de la población. Bueno, suelen decir que los secretos mejor guardados están ocultos a plena vista. Resulta que ése era el caso; más allá de las cortinas, no había otra protección para evitar que las masas descubrieran el desastre.

Y en mi cabeza giraban mil y una ideas; ¿Qué demonios sucedió? ¿Por qué decidieron ocultarlo? ¿Quienes saben de esto? Y sobre todo... ¿Por qué mierda no hacen nada al respecto?
Me extraña que todos hayan estado de acuerdo en ocultarlo... las flotas de buses, aviones, trenes... todos deben cerrar las ventanas a cierta hora. Por eso habían rutas alternas. Alguien de mucho poder trataba de ocultar algo...

-"Se lo advertimos."

Sólo sentí un golpe en la nuca, quedé mareado. Entonces, la ventana de mi asiento se abrió. Forcejeé todo lo que pude, pero finalmente, el asistente logró empujarme a través de la ventana. Caí de seco al suelo, adolorido. Y descubrí que estaba perdido, en un lugar desolador; sin comida, sin energía, sin comunicación. A cientos de kilómetros de la ciudad más cercana, y en medio de un desastre. ¿Qué sacaba con volver, si hallarían la forma de desmentir lo que les contase? Preferí no levantarme del suelo, había perdido las esperanzas.

Un par de metros más allá, había un cadáver. Un hombre como de mi edad, de lentes, yacía tirado de espalda en el suelo, en un charco de sangre. Le fue peor que a mí, claramente. Entonces noté una frase en su polera; estaba en inglés. Como hombre de negocios que soy, debía manejar el idioma. Y no sé si habrá sido una casualidad, pero la frase me llegó, me chocó.

"Ignorance is bliss".

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