Hace poco más de un mes vi la tan alabada película "Avatar", en los clásicos 35mm, en el Movieland de Valdivia. Me agradó la película en sí; la trama se desarrolla bastante bien, los personajes se sienten convincentes y atractivos. Todo lo que es animación computarizada queda realmente bien, a veces no se diferencia el CGI de la realidad. En ese aspecto no tengo queja, me parece excelente que Cameron haya esperado lo necesario para que estuviera disponible la tecnología necesaria para pasar su guión a la pantalla grande.
Los primeros días de Febrero, en Santiago, tuve la oportunidad de repetirme la película; esta vez, en 3D digital. Debo admitir que lo más agradable de la experiencia no fue el 3D en sí, sino la calidad digital. También fue agradable el efecto tridimensional; no era demasiado exagerado su uso, pero tampoco pasa más allá de una mera superposición de planos.
Ahora, con una segunda inspección a la película (y la posibilidad de verla un poco más concentrado; la primera vez, fui con mi polola), pude notar un detalle bastante grande que no noté la primera vez (bueno, aparte de cachar en qué punto el Jake Sully se afeitaba, yo juré que se habían pifeado con eso XD).
Teóricamente, se muestra a la civilización de los Na'Vi como una especie idílica; viven en comunión con la tierra y la naturaleza, con las almas, con todo su mundo. Están todos conectados y por ende, se entienden, se comunican, existen como una sociedad ideal. Además de que se aferran a sus costumbres sin destruir su ambiente y valoran lo que los rodea. En sintesis, se los trata de presentar como una civilización perfecta. Tienen todo lo que necesitan, y sobreviven sin dañar a los demás.
El detalle que noté: Si Cameron se empecinó tanto en crear la atmósfera y "vender la pomada" de la civilizacion perfecta, entonces ¿por qué los Na'Vi siguen teniendo vicios humanos?
Algunos sienten envidia por Jake Sully cuando demuestra sus habilidades o cuando es preferido y aceptado; otros lo rechazan simplemente porque es diferente, y otros lo demigran. Por ende, estos seres supuestamente idílicos dejan de serlo, ya que son a veces hasta más humanos que algunos de los personajes terrícolas.
Este detalle puede pasarse por alto cuando te dejas llevar por la trama que avanza bastante rápido y no da tregua a la vista del espectador (es una película altamente visual; si la vieras en otro idioma, de seguro entenderías más o menos hacia dónde va la micro), y por la cercanía que se genera entre el espectador y los personajes. Estuve conversando con un amigo que, aparte de ser fotógrafo y profesor, es crítico de cine en potencia, y me comentó que el motivo de la caracterización humana para los Na'Vi es muy simple; la gente debe identificarse con los personajes. Eso estaría bien, pero se contradice con lo que Cameron plantea en general sobre el pueblo. Ahora, ¿cuál es el motivo por el cual es necesario hacer esa identificación?
El maldito dinero. Como siempre.
Claro, Cameron podría haber intentado hacer un aporte y dejar a Avatar como una expresión artística. Plasmar la idea tal cual debiera ser, sin contradecirse con lo que él mismo expone y explica a través del filme. Pero NO, la mano es ganar plata. Por eso, debe ser un éxito de taquilla. No necesita ser fiel a si misma, cuando puede ganar dinero al funcionar de otra manera. Y obvio que da resultado, son claros. La crítica sigue apreciando el producto porque, no por el detalle deja de ser bueno (pero no espectacular, en mi opinión).
Pero, ¿qué costaría que se sigan haciendo más películas como arte, hoy en día? El cine que llega a nosotros es primordialmente taquillero; son pocos los que se atreven a expresar lo que piensan tal cual lo tenían planeado, la gran mayoría termina cediendo ante las productoras y los asesores. El público al que se apela masivamente busca un producto no muy profundo, es un público no acostumbrado a cranear demasiado al ver una película. Por ende, la trama debe ajustarse para hacerla digerible. Personajes humanos, identificables, simples. Como tú, como yo. "Para que la gallá lo entienda", como dijo mi amigo y mentor.
Y así se reduce el arte, se amplía el producto. Más cine enlatado para todos.
Es lo que el público pide, ¿no?
PD: El título de la entrada no lo pensé pensando en esto, sino en otra situación diferente. Pero me gustó. :B
5 feb 2010
What's next?
Desde pequeño que recuerdo tener un pensamiento recurrente... no recuerdo exactamente a qué edad comenzó, pero recuerdo que se me ha venido a la mente desde hace tiempo. Probablemente desde que entendí bien los conceptos de "tiempo", "muerte" y "vida"; por lo menos, saber lo que significaban, lo que representaban.
El pensamiento se me ha hecho recurrente cuando me he visto en un estado emocional más relajado y tranquilo, o sea, cuando no tengo más problemas en los cuales pensar... o a veces, simplemente cuando recuerdo ese sentimiento. Es como un escalofrío que me recorre cuando lo pienso, como si mi organismo no quisiera que lo pensara.
Y tampoco es algo terrible o como para morirse, ni nada por el estilo. Es más que nada una duda existencial, bastante prematura ya que no tengo intención de irme de este mundo muy pronto, jamás la he tenido. Ahora, no es la excepcion.
Mi duda, desde pequeño, era:
"Cuándo yo muera, ¿qué pasa después?"
Eso es, reducido a su mínima expresión. Y no me refiero al más allá, al cielo o el infierno o algo por el estilo... me refiero, en cuanto al tiempo. Cuando yo muera, el tiempo seguirá corriendo... ¿qué pasará conmigo, después? Ya sé que estaré muerto, pero no por ello deja de correr. Obvio que el mundo sigue... y ahí viene otra pregunta. Si, por ejemplo, se acaba el mundo; digamos, se extermina la raza humana. ¿Qué pasa después? El tiempo seguirá corriendo. ¿Y nosotros? No estaremos.
Me asusta un poco el saber que, a final de cuentas, la vida es extremadamente corta y frágil. Después de que muera, ¿que pasa? El tiempo seguirá, sin mí... y me pongo a pensar... Cuando muera, dejo de existir en este mundo, ¿qué pasa con mi mente, entonces? ¿Simplemente, deja de funcionar? Me asusta saber que, después de morir, no podré hacer nada más, ahí se acaba el show...
Y creo que me está costando un poco expresar en palabras lo que siento. Más que nada, me cuestiono el concepto del tiempo... Como sé que todo tiene un inicio y un final, en algún punto, todo tendrá que acabar. Y cuando acabe el tiempo... ¿qué pasa después?
Piénsenlo, denle vueltas en la cabeza, a ver si logran armar el mismo rompecabezas que yo, en sus mentes. Tal vez les intimide un poco, tal vez les quede dando vueltas como a mí.
El pensamiento se me ha hecho recurrente cuando me he visto en un estado emocional más relajado y tranquilo, o sea, cuando no tengo más problemas en los cuales pensar... o a veces, simplemente cuando recuerdo ese sentimiento. Es como un escalofrío que me recorre cuando lo pienso, como si mi organismo no quisiera que lo pensara.
Y tampoco es algo terrible o como para morirse, ni nada por el estilo. Es más que nada una duda existencial, bastante prematura ya que no tengo intención de irme de este mundo muy pronto, jamás la he tenido. Ahora, no es la excepcion.
Mi duda, desde pequeño, era:
"Cuándo yo muera, ¿qué pasa después?"
Eso es, reducido a su mínima expresión. Y no me refiero al más allá, al cielo o el infierno o algo por el estilo... me refiero, en cuanto al tiempo. Cuando yo muera, el tiempo seguirá corriendo... ¿qué pasará conmigo, después? Ya sé que estaré muerto, pero no por ello deja de correr. Obvio que el mundo sigue... y ahí viene otra pregunta. Si, por ejemplo, se acaba el mundo; digamos, se extermina la raza humana. ¿Qué pasa después? El tiempo seguirá corriendo. ¿Y nosotros? No estaremos.
Me asusta un poco el saber que, a final de cuentas, la vida es extremadamente corta y frágil. Después de que muera, ¿que pasa? El tiempo seguirá, sin mí... y me pongo a pensar... Cuando muera, dejo de existir en este mundo, ¿qué pasa con mi mente, entonces? ¿Simplemente, deja de funcionar? Me asusta saber que, después de morir, no podré hacer nada más, ahí se acaba el show...
Y creo que me está costando un poco expresar en palabras lo que siento. Más que nada, me cuestiono el concepto del tiempo... Como sé que todo tiene un inicio y un final, en algún punto, todo tendrá que acabar. Y cuando acabe el tiempo... ¿qué pasa después?
Piénsenlo, denle vueltas en la cabeza, a ver si logran armar el mismo rompecabezas que yo, en sus mentes. Tal vez les intimide un poco, tal vez les quede dando vueltas como a mí.
En esta edición:
basado en hechos reales,
real,
reflexión
3 feb 2010
Hidden in Plain Sight
Eran cerca de las nueve de la noche, ya había bajado un poco el calor, y empezaba a oscurecer. No era la mejor de las noches para un viaje de negocios, pero podría ser peor. El terminal se veía frío, la gente incomunicada. Los tiempos no están para conversar con cualquiera, es comprensible. Además, yo tampoco ando con la mejor de las disposiciones para charlar. Y mucho menos, del clima, que es el tema habitual.
Cuando abordé el bus, el sol había terminado de ocultarse tras las montañas, a lo lejos. Grandes cantidades de humo ayudaban a ocultar al astro rey; hasta oscurecía más temprano, gracias a aquel gas presente en las alturas. Por suerte no estuve mucho tiempo allá; el humo y el calor me hubieran terminado por destruir, al cabo de una semana o más. Es cierto, no tengo los mejores pulmones ni las mejores vías respiratorias del mundo. Por suerte no fumo; estaría condenado, de ser así.
Los asientos eran bastante espaciosos y cómodos. Era para mí una novedad viajar en salón cama. Claro, para la hora de partida, era una necesidad; debía estar repuesto al día siguiente. Se me venía encima un día agotador lleno de negociaciones, reuniones, pautas, etc... Odio los viajes de negocios. Especialmente cuando voy partiendo de otra ciudad, ni siquiera de la propia. Echo de menos mi hogar, pero por el viaje imprevisto tendré que hacerme la idea de no regresar hasta dentro de un par de días más.
Y así pasaba el rato, mirando por la ventana. Ignoré por completo a los pasajeros que me acompañaban, no me interesa oírlos conversar. Me pongo así cuando viajo por obligación; me encierro en una burbuja. Y así miraba pasar las casas, los edificios, las luces en el exterior. Y de a poco, las casas pasaban a ser árboles; los edificios pasaban a ser praderas, las luces se apagaban. Daba gusto viajar y ver semejante paisaje afuera, me regocijaba saber que la contaminación y la degradación de las decadentes ciudades aledañas aún no extendían sus garras hasta esos lados de la carretera. Y seguí observando el paisaje, las montañas y el hielo que las cubría... las vacas pastando, aún de noche, disfrutando del aire fresco.
Y de pronto, todo se cubrió por una tela azul.
-"Lo siento, pero debemos cerrar las cortinas."
El asistente del bus se había dado el lujo de cerrar la cortina de la ventana en mis narices.
-"Vamos, déjeme mirar un rato más, no le hace daño, ¿o si?"
-"No es mi problema, son órdenes que debo cumplir. A esta hora se deben cerrar las cortinas, lo siento."
Y se fue. Así, mi voluntad de cliente y pasajero quedaba completamente vulnerada. No me importaban sus órdenes, no me interesaban los demás pasajeros, ni siquiera la integridad del bus. Era un viaje largo, y quería recrearme un rato. Se me hace imposible dormir en un bus, algo debía hacer. Esperé a que el asistente llegara hasta la cabina del piloto, y cuando cerró la puerta, volví a abrir mi cortina. Y todo seguía allí; el verde, las praderas, la luna y las estrellas bañando de fulgor mi ventana. Era como un sueño, pero tarde o temprano había que despertar...
Nuevamente la cortina, nuevamente el discurso.
"No PUEDE tener la cortina abierta, Órdenes."
Me quedé de brazos cruzados, sabía que no había mucho a mi alcance para hacer entonces. Pero, agh, qué rabia... Era algo tan simple... ¿cuál era el problema?
Al parecer, hace un par de meses se había dado la orden de cerrar las cortinas a determinada hora, sin algun propósito claro. Tampoco se divulgó la noticia, simplemente se efectuaba la orden. Sin aviso previo. A éso, se le sumó la cancelación de cualquier viaje terrestre por bus en el día. También se crearon rutas expeditas para quienes viajaran en auto. Así, se mantenía la ruta vieja despejada para los buses. Pero, ¿por qué?
En eso, volvió el asistente:
-"Puedo ofrecerle un trago, en compensación por su asunto de la cortina. Una vez más, lo siento, pero no depende de mí."
Dejó una copa en el portavasos de mi asiento, no sabía exactamente qué era, pero no tenía un aroma demasiado fuerte. Lo saboreé, y estaba bueno. Así que me bebí la copa. Y de ahí...
Desperté unas dos horas después. Al parecer, la bebida venía mezclada con alguna sustancia somnífera, no demasiado fuerte. Claro, para que no llegara a ser ilegal. "Así que me drogaron en un bus, ¿eh? Veamos cuánto me importan sus malditas órdenes" - Abrí la cortina.
Mala idea.
Lejos en el pasado quedó el hermoso paisaje que había observado hace unas horas. Todo lo que podía observarse era desierto; arena, restos de edificios, fuego, cadáveres. Parecía como si fuera un sitio abandonado después de alguna especie de guerra o un bombardeo, al cual jamás se dieron el lujo de venir a rescatar. Manchas de sangre en el pavimento, faroles intermitentes, dañados por el tiempo.
Éso explica por qué cierran las cortinas a determinada hora. Con que hay todo un mundo, una realidad; está oculta de la población. Bueno, suelen decir que los secretos mejor guardados están ocultos a plena vista. Resulta que ése era el caso; más allá de las cortinas, no había otra protección para evitar que las masas descubrieran el desastre.
Y en mi cabeza giraban mil y una ideas; ¿Qué demonios sucedió? ¿Por qué decidieron ocultarlo? ¿Quienes saben de esto? Y sobre todo... ¿Por qué mierda no hacen nada al respecto?
Me extraña que todos hayan estado de acuerdo en ocultarlo... las flotas de buses, aviones, trenes... todos deben cerrar las ventanas a cierta hora. Por eso habían rutas alternas. Alguien de mucho poder trataba de ocultar algo...
-"Se lo advertimos."
Sólo sentí un golpe en la nuca, quedé mareado. Entonces, la ventana de mi asiento se abrió. Forcejeé todo lo que pude, pero finalmente, el asistente logró empujarme a través de la ventana. Caí de seco al suelo, adolorido. Y descubrí que estaba perdido, en un lugar desolador; sin comida, sin energía, sin comunicación. A cientos de kilómetros de la ciudad más cercana, y en medio de un desastre. ¿Qué sacaba con volver, si hallarían la forma de desmentir lo que les contase? Preferí no levantarme del suelo, había perdido las esperanzas.
Un par de metros más allá, había un cadáver. Un hombre como de mi edad, de lentes, yacía tirado de espalda en el suelo, en un charco de sangre. Le fue peor que a mí, claramente. Entonces noté una frase en su polera; estaba en inglés. Como hombre de negocios que soy, debía manejar el idioma. Y no sé si habrá sido una casualidad, pero la frase me llegó, me chocó.
"Ignorance is bliss".
Cuando abordé el bus, el sol había terminado de ocultarse tras las montañas, a lo lejos. Grandes cantidades de humo ayudaban a ocultar al astro rey; hasta oscurecía más temprano, gracias a aquel gas presente en las alturas. Por suerte no estuve mucho tiempo allá; el humo y el calor me hubieran terminado por destruir, al cabo de una semana o más. Es cierto, no tengo los mejores pulmones ni las mejores vías respiratorias del mundo. Por suerte no fumo; estaría condenado, de ser así.
Los asientos eran bastante espaciosos y cómodos. Era para mí una novedad viajar en salón cama. Claro, para la hora de partida, era una necesidad; debía estar repuesto al día siguiente. Se me venía encima un día agotador lleno de negociaciones, reuniones, pautas, etc... Odio los viajes de negocios. Especialmente cuando voy partiendo de otra ciudad, ni siquiera de la propia. Echo de menos mi hogar, pero por el viaje imprevisto tendré que hacerme la idea de no regresar hasta dentro de un par de días más.
Y así pasaba el rato, mirando por la ventana. Ignoré por completo a los pasajeros que me acompañaban, no me interesa oírlos conversar. Me pongo así cuando viajo por obligación; me encierro en una burbuja. Y así miraba pasar las casas, los edificios, las luces en el exterior. Y de a poco, las casas pasaban a ser árboles; los edificios pasaban a ser praderas, las luces se apagaban. Daba gusto viajar y ver semejante paisaje afuera, me regocijaba saber que la contaminación y la degradación de las decadentes ciudades aledañas aún no extendían sus garras hasta esos lados de la carretera. Y seguí observando el paisaje, las montañas y el hielo que las cubría... las vacas pastando, aún de noche, disfrutando del aire fresco.
Y de pronto, todo se cubrió por una tela azul.
-"Lo siento, pero debemos cerrar las cortinas."
El asistente del bus se había dado el lujo de cerrar la cortina de la ventana en mis narices.
-"Vamos, déjeme mirar un rato más, no le hace daño, ¿o si?"
-"No es mi problema, son órdenes que debo cumplir. A esta hora se deben cerrar las cortinas, lo siento."
Y se fue. Así, mi voluntad de cliente y pasajero quedaba completamente vulnerada. No me importaban sus órdenes, no me interesaban los demás pasajeros, ni siquiera la integridad del bus. Era un viaje largo, y quería recrearme un rato. Se me hace imposible dormir en un bus, algo debía hacer. Esperé a que el asistente llegara hasta la cabina del piloto, y cuando cerró la puerta, volví a abrir mi cortina. Y todo seguía allí; el verde, las praderas, la luna y las estrellas bañando de fulgor mi ventana. Era como un sueño, pero tarde o temprano había que despertar...
Nuevamente la cortina, nuevamente el discurso.
"No PUEDE tener la cortina abierta, Órdenes."
Me quedé de brazos cruzados, sabía que no había mucho a mi alcance para hacer entonces. Pero, agh, qué rabia... Era algo tan simple... ¿cuál era el problema?
Al parecer, hace un par de meses se había dado la orden de cerrar las cortinas a determinada hora, sin algun propósito claro. Tampoco se divulgó la noticia, simplemente se efectuaba la orden. Sin aviso previo. A éso, se le sumó la cancelación de cualquier viaje terrestre por bus en el día. También se crearon rutas expeditas para quienes viajaran en auto. Así, se mantenía la ruta vieja despejada para los buses. Pero, ¿por qué?
En eso, volvió el asistente:
-"Puedo ofrecerle un trago, en compensación por su asunto de la cortina. Una vez más, lo siento, pero no depende de mí."
Dejó una copa en el portavasos de mi asiento, no sabía exactamente qué era, pero no tenía un aroma demasiado fuerte. Lo saboreé, y estaba bueno. Así que me bebí la copa. Y de ahí...
Desperté unas dos horas después. Al parecer, la bebida venía mezclada con alguna sustancia somnífera, no demasiado fuerte. Claro, para que no llegara a ser ilegal. "Así que me drogaron en un bus, ¿eh? Veamos cuánto me importan sus malditas órdenes" - Abrí la cortina.
Mala idea.
Lejos en el pasado quedó el hermoso paisaje que había observado hace unas horas. Todo lo que podía observarse era desierto; arena, restos de edificios, fuego, cadáveres. Parecía como si fuera un sitio abandonado después de alguna especie de guerra o un bombardeo, al cual jamás se dieron el lujo de venir a rescatar. Manchas de sangre en el pavimento, faroles intermitentes, dañados por el tiempo.
Éso explica por qué cierran las cortinas a determinada hora. Con que hay todo un mundo, una realidad; está oculta de la población. Bueno, suelen decir que los secretos mejor guardados están ocultos a plena vista. Resulta que ése era el caso; más allá de las cortinas, no había otra protección para evitar que las masas descubrieran el desastre.
Y en mi cabeza giraban mil y una ideas; ¿Qué demonios sucedió? ¿Por qué decidieron ocultarlo? ¿Quienes saben de esto? Y sobre todo... ¿Por qué mierda no hacen nada al respecto?
Me extraña que todos hayan estado de acuerdo en ocultarlo... las flotas de buses, aviones, trenes... todos deben cerrar las ventanas a cierta hora. Por eso habían rutas alternas. Alguien de mucho poder trataba de ocultar algo...
-"Se lo advertimos."
Sólo sentí un golpe en la nuca, quedé mareado. Entonces, la ventana de mi asiento se abrió. Forcejeé todo lo que pude, pero finalmente, el asistente logró empujarme a través de la ventana. Caí de seco al suelo, adolorido. Y descubrí que estaba perdido, en un lugar desolador; sin comida, sin energía, sin comunicación. A cientos de kilómetros de la ciudad más cercana, y en medio de un desastre. ¿Qué sacaba con volver, si hallarían la forma de desmentir lo que les contase? Preferí no levantarme del suelo, había perdido las esperanzas.
Un par de metros más allá, había un cadáver. Un hombre como de mi edad, de lentes, yacía tirado de espalda en el suelo, en un charco de sangre. Le fue peor que a mí, claramente. Entonces noté una frase en su polera; estaba en inglés. Como hombre de negocios que soy, debía manejar el idioma. Y no sé si habrá sido una casualidad, pero la frase me llegó, me chocó.
"Ignorance is bliss".
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