20 abr 2010

Improvisación

El soldado, herido, se arrastra por las trincheras. Cegado por el polvo, ensordecido por las explosiones, aún lograba mantenerse en movimiento. Claro, si no lo hacía, jamás tendría otra oportunidad. Su instinto le hacía arrastrarse con cautela pero de forma bastante ágil para el demacrado estado de su cuerpo.
Sin mirar hacia atrás, sin cubrir sus sangrientas heridas, sin detenerse a pensar en sus camaradas, algunos de los cuales estaban en peores condiciones que él.

Y seguía arrastrándose, sobre el suelo carmesí, entre el polvo que lo ensuciaba. Al poco rato, entre las explosiones, pudo ver su viejo revólver, ya oxidado, en el suelo, a unos cuantos metros. Ese revólver siempre lo acompañó, desde que su abuelo se lo regaló cuando era aún un niño. Él mismo le enseñó a dispararlo, él mismo le inculcó el sentido por la justicia que lo llevó a involucrarse en el ejército. Sin no fuera por ese revólver, aquel soldado probablemente estaría viviendo tranquilo en alguna cuidad, con un trabajo simple, con una esposa y un par de tiernos hijos. O tal vez sería un hombre soltero, vivendo solo y tranquilo, sin mayores pesares más allá de pagar sus cuentas.

Pero no, el camino que él escogió fue otro, y así lo hacía sugerir la mancha de sangre que lo acompañaba por el suelo; era un guerrero, jamás se dio por vencido. Ante nada ni nadie.

Y él estaba seguro que ésa no sería la primera vez.

Estiró su brazo herido, y alcanzó la fría pistola; aún le quedaban un par de balas. "Tal vez no sean suficiente". Con ese revólver en la mano se sentía a salvo, seguro, nadie lo mataría si lo portaba. Pero, entonces, entre los cuerpos de sus compañeros... mucho más allá, había un cargamento de municiones, y una ametralladora. Éso podría bien ser su boleto de salida de aquel infierno. Como buen soldado, sabía manipular armas más pesadas, y una ametralladora le sería de gran ayuda. Aún con el revólver, era prácticamente un sueño repeler una futura emboscada por si solo. Con la ametralladora, en cambio, podría oponer un poco de resistencia... había una esperanza. Pero el riesgo era mucho; tendría que cruzar por un campo abierto para llegar a ella. En su estado, difícilmente podría arrivar ileso al otro lado.

¿Qué hacer? Pensó en un dicho de su abuelo, que siempre le decía que "pájaro en mano vale más que cien volando"... y claro, en sus manos tenía una opción para sobrevivir. Una opción para salir adelante. Y si bien, gracias a ello estaba en ese lugar, con lo mismo podría acabar todo. Pero, miró de nuevo la ametralladora, y pensó en las posibilidades. ¿Para qué seguir atado a algo obsoleto? ¿Para qué, si el mundo te da más? Pero podría ser sólo una ilusión, pues nadie le aseguraba llegar vivo al otro lado. Era un gran riesgo, pero a base de riesgos se progresa, se improvisa. Ensayo y error.

¿Qué hacer? Tenía las dos opciones claramente definidas, pero no sabía cuál tomar. Ambas le podrían favorecer... No estaba seguro, nunca lo estuvo. Probablemente, jamás lo estará. Y la pugna regirá eternamente en la mente del soldado, hasta que logra despejar su cabeza de las inseguridades, y decidir de una vez por todas, lo mejor para él.

Todo sería tan fácil, si el ángel y el demonio sobre sus hombros llegaran a un común acuerdo.

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