Te amo. Y lo sabes. Quizás no siempre lo recuerdes, pero sé que lo sabes. Siempre lo has sabido. Y espero que no lo vayas a olvidar de nuevo... porque me siento frío sin tí. Como aquella fría noche, en que tu liso cabello rubio se enredaba entre el mío, mientras me besabas. Lo recuerdo muy bien, aquel atardecer en el parque. Sentados en una banca, tus botas de cuero relucían con el brillo del farol que nos observó mientras fuimos felices. El sabor de tus labios me reconforta, sabes. Nunca he sabido a qué saben, pero me reconfortan de todas maneras. Al igual que tu voz suave y serena.
Ah, que recuerdos contigo... Ojalá que los añores tanto como yo. Sé que lo haces, sólo que no me lo haces saber. Como aquella vez cuando me preguntaste si yo recordaba cuando nos conocimos. Y recuerdo que cayó una lágrima de tus ojos verdes, que corrió por tu piel morena cuando te respondí que no. Sólo atiné a abrazarte y consolarte, a arrepentirme por mi error. Y acariciaba tu pelo, como siempre, radiante y ondulado... Como siempre lo fue, como nunca lo fue. Tus suaves manos me acariciaron también cuando dijiste que no tenia que ponerme triste, que no tenía por qué sentirme mal... Porque tú tampoco lo recordabas.
O aquella vez cuando bailamos a la luz de la luna, solos. El frío se mantenía a una distancia prudente de nuestros cálidos cuerpos. Tus pasos ligeros al compás de la música me hacían olvidar cualquier otra instancia en que hubieramos estado juntos... Si es que alguna vez las existieron. Tu corto cabello no alcanzaba a rozar mi rostro, pero tus profundos ojos pardos me observaban con tenacidad. Mientras mis pasos torpes se aceleraban, la gracia que tenías al moverte me dejaba perplejo... De lo poco que recordaba de tí, sólo recordaba que no te gustaba bailar... ¿Y por qué, ahora sí?
No te imaginas cuánto te amo. No te imaginas lo feliz que me siento al estar contigo. Soy tan feliz... pero nada es perfecto. Y es que aún no sé por qué siempre te veo distinta, por qué nunca te puedo recordar. Siento que siempre eres una persona diferente, una cara desconocida, y yo también seré un desconocido para tí. Y sólo para tí.
Si me pidieras una foto tuya... no te la podría dar. Un dibujo, no sería capaz de plasmar tu belleza, aunque fuera en un pequeño esbozo. Y la verdad... es que no te recuerdo, no sé quién eres. Y tú tampoco sabes quién soy, lo sé. Sé que lo desconoces. Porque es éso lo que no nos deja ser felices, lo que nos aleja de la perfección. Porque cada vez que te veo, es una cara distinta, una sonrisa distinta.
Oh, no te imaginas cuánto te amo... Podríamos ser tan perfectos. Si tan sólo pudiera tenerte cerca, si tan sólo fueras tan real como en mis sueños... Tan real como jamás lo fuiste, tan real como jamás lo serás.
19 abr 2009
13 abr 2009
Cadena de Marionetas
En medio de aquella fría e incómoda oscuridad, se podía sentir tan solo la presencia de un alma inquieta. Agotado, agobiado, cansado. Sus problemas respiratorios sa hacen notar con creciente énfasis. Definitivamente, ésta no era su semana de suerte. La sequedad de su grave tos hacía eco por cada rincón del desolado subterráneo de aquel edificio. El turno de noche era una cruda y extenuante tortura, pero para aquel lamentable ser, era la única salida. Tal como lo fueron alguna vez su padre, y su abuelo antes de él, era un simple esclavo de la rutina diaria. Llevar el pan a la mesa era su único objetivo, pero jamás se le permitió morderlo, saborearlo... ellos no supieron de placeres, lujos y gustos. Hombres hechos a medida, para satisfacer las necesidades de sus familias. Pero jamás fueron del todo desdichados, a pesar de toda la adversidad, tenían aquel hogar al cual volver cada día. Un alma sacrificada, por el bien de tres.
Pero eso iba a darse por acabado. Estaba decidido, y es que tan sólo el día anterior, conversando con un colega, este hombre se dio cuenta de lo insignificante que es su existir, de lo poco valorado que es su esfuerzo. Tal vez no fuera así, pero la sugestión fue tal, que así lo creyó, firmemente. La opresión de la cual era objeto, los jefes que usaban y abusaban de su labor... Ya no más, las cosas cambiarían para siempre, sería una amenaza. Y desde ese punto en adelante, no se conformaría con una respuesta. No tenía el plan bien definido en su mente, no sabía si su familia podría subsistir sin su presencia; ni siquiera sabía si los volvería a ver. Pero ya estaba totalmente decidido, y dar un paso atrás a estas alturas le era imposible, sería darle la victoria a los tiranos. Y él ya no será una marioneta. No será el títere de otro títere más grande. No, por ningún motivo... él será el encargado de cortar las cuerdas... Y por vez primera en su existencia, asumirá el mando. Tomará las cuerdas, tirará de ellas; se sentirá, en el fondo, lo que el mundo le ha dado a entender como "un hombre de verdad".
Avanza lentamente por los helados y lúgubres pasillos. Debe ser fuerte, pero también extremadamente sigiloso. Su crónico toser no debe salir a relucir en este momento crucial. Toma el camino por la derecha, avanza veinte pasos más al fondo... Y pudo ver la puerta al exterior, y el guardia que protege el recinto. Pausadamente, se agachó, y quitó el sucio cordón de su pesado y ancho zapato izquierdo. Y tan silencioso como el aire mismo, empezó a acercarse con suma cautela al desprevenido guardia, que ni siquiera podría haber imaginado que la luz que se colaba, esquiva, por debajo de la puerta sería el último vestigio de claridad que vería jamás. Los pasos, imperceptibles para el guardia, se acercaban cada vez más. Y de pronto, el vigilante oyó un raudo movimiento, pero no hubo nada que pudiera hacer para evitar que su atacante lo comenzara a ahogar. Debilitado, soltó su rifle, mientras el normalmente inofensivo cordón de zapato iba cortando su respiración lentamente. Ni siquiera pudo gritar. Cada vez estaba más cerca del gélido suelo. Y finalmente, pudo observar la cara descubierta de su ejecutor, quien no pudo evitar la duda al momento de observar los ojos cristalinos de su colega de años, suplicando por piedad.
El arrepentimiento quizo tomar control de la mente del asesino, al observar con estupor el cadáver de su otrora compañero. Pero no era momento de retroceder, ya había llegado demasiado lejos; tomó el arma del difunto, que había quedado tirada en el suelo, tras el forcejeo. Tan frío como el suelo mismo, tan frío como su anterior dueño. El rifle contaba con una mira láser, bastante peculiar, tratándose de un arma de servicio de un simple guardia. Decidido, rifle en mano, se abalanzó hacia la puerta, a través de la luz enceguecedora, listo para acabar con otra vida...
... sin sospechar que, en otro edificio similar...
Pero eso iba a darse por acabado. Estaba decidido, y es que tan sólo el día anterior, conversando con un colega, este hombre se dio cuenta de lo insignificante que es su existir, de lo poco valorado que es su esfuerzo. Tal vez no fuera así, pero la sugestión fue tal, que así lo creyó, firmemente. La opresión de la cual era objeto, los jefes que usaban y abusaban de su labor... Ya no más, las cosas cambiarían para siempre, sería una amenaza. Y desde ese punto en adelante, no se conformaría con una respuesta. No tenía el plan bien definido en su mente, no sabía si su familia podría subsistir sin su presencia; ni siquiera sabía si los volvería a ver. Pero ya estaba totalmente decidido, y dar un paso atrás a estas alturas le era imposible, sería darle la victoria a los tiranos. Y él ya no será una marioneta. No será el títere de otro títere más grande. No, por ningún motivo... él será el encargado de cortar las cuerdas... Y por vez primera en su existencia, asumirá el mando. Tomará las cuerdas, tirará de ellas; se sentirá, en el fondo, lo que el mundo le ha dado a entender como "un hombre de verdad".
Avanza lentamente por los helados y lúgubres pasillos. Debe ser fuerte, pero también extremadamente sigiloso. Su crónico toser no debe salir a relucir en este momento crucial. Toma el camino por la derecha, avanza veinte pasos más al fondo... Y pudo ver la puerta al exterior, y el guardia que protege el recinto. Pausadamente, se agachó, y quitó el sucio cordón de su pesado y ancho zapato izquierdo. Y tan silencioso como el aire mismo, empezó a acercarse con suma cautela al desprevenido guardia, que ni siquiera podría haber imaginado que la luz que se colaba, esquiva, por debajo de la puerta sería el último vestigio de claridad que vería jamás. Los pasos, imperceptibles para el guardia, se acercaban cada vez más. Y de pronto, el vigilante oyó un raudo movimiento, pero no hubo nada que pudiera hacer para evitar que su atacante lo comenzara a ahogar. Debilitado, soltó su rifle, mientras el normalmente inofensivo cordón de zapato iba cortando su respiración lentamente. Ni siquiera pudo gritar. Cada vez estaba más cerca del gélido suelo. Y finalmente, pudo observar la cara descubierta de su ejecutor, quien no pudo evitar la duda al momento de observar los ojos cristalinos de su colega de años, suplicando por piedad.
El arrepentimiento quizo tomar control de la mente del asesino, al observar con estupor el cadáver de su otrora compañero. Pero no era momento de retroceder, ya había llegado demasiado lejos; tomó el arma del difunto, que había quedado tirada en el suelo, tras el forcejeo. Tan frío como el suelo mismo, tan frío como su anterior dueño. El rifle contaba con una mira láser, bastante peculiar, tratándose de un arma de servicio de un simple guardia. Decidido, rifle en mano, se abalanzó hacia la puerta, a través de la luz enceguecedora, listo para acabar con otra vida...
... sin sospechar que, en otro edificio similar...
9 abr 2009
Cubo de Hielo
La suave brisa que corría esa mañana hacía parecer que sería un día como cualquier otro, un día normal. El sol brillaba radiante en un cielo claro y azul, con sólo un par de nubes que opacaban su fulgor. La calle se veía muy transitada, tal como cualquier otra mañana. Autos y gente van y vienen; estudiantes, trabajadores, listos para otro día más de laburar. Van saliendo vehículos de las casas, familias tranquilas que se acomodan a la rutina diaria. El marido y la mujer se van al trabajo, la hermana mayor a la universidad, y el hermano más pequeño, a la escuela. Ah, y cómo dejar de lado a ese hermano del medio, aquel que sin brillar demasiado, da lo mejor de sí, y se queda sin reconocimiento. Por inercia se ve caminando al establecimiento donde su mente joven se ve moldeada y erosionada a diario.
Relajado, abandona el hogar, asegurándose de dejar todo bien cerrado. Sale por el portón, con los audífonos puestos, escuchando música en su reproductor mp3, y su mente se ve inundada de recuerdos del año anterior, al escuchar una tonada familiar. Los recuerdos no le son agradables, preferiría suprimirlos, pero no puede quitar esa mancha en su pasado... Un año de su vida que no volverá, un año en el que vivió atado a un cubo de hielo... sí, esa es la mejor forma de decirlo. El frío que sintió alguna vez se ha ido, el calor del sol ha derretido el hielo. Pero... el charco de agua sigue ahí, vivo, latente. Un charco de agua tan insignificante como para hacerlo a un lado e ignorarlo cada día que pasa, pero tan profundo como para ahogarse en él. Ese charco que lentamente, y sin que él lo note, va llenando sus pulmones de agua, destruyéndolo de a poco y desde dentro. Él no tuvo la culpa de que el sol desintegrara aquel hielo, pero de todas maneras se siente culpable; tampoco hizo nada por evitar el trágico final del gélido cubo. Y así sus pulmones se ven llenados por el vital líquido que, irónicamente, lo van llenando hasta cortar por completo su respiración.
Reflexionando y tragando saliva, el joven sigue caminando hacia su destino, ignorando totalmente el mundo externo, sintiéndose atrapado entre el filo de la espada y la presión de la pared. Cree haber tomado la decisión correcta al dejar todo atrás, aquella persona jamás mereció la sangre, el sudor y las lágrimas que derramó por ella... Y jamás valoró el hecho de haberlas derramado.
Cambia la canción, el frío y melancólico ritmo de "Sappy" da lugar a otro similar, "Black". Los sonidos distorsionados y reflexivos del grunge toman control de la mente frágil del joven, que sólo quiere olvidar el error que cometió, que no pudo reconocer a su debido tiempo, y que tanto lo ha herido a lo largo de aquellos dos años. Y en su burbuja de sentimientos reprimidos, no logra discernir entre lo real y lo imaginario, no puede entender lo que sucede a su alrededor. Y mucho menos podría haber notado la peculiar conversación que tomaba lugar en la vereda del frente...
... y pensar que, hace tan sólo media hora...
Relajado, abandona el hogar, asegurándose de dejar todo bien cerrado. Sale por el portón, con los audífonos puestos, escuchando música en su reproductor mp3, y su mente se ve inundada de recuerdos del año anterior, al escuchar una tonada familiar. Los recuerdos no le son agradables, preferiría suprimirlos, pero no puede quitar esa mancha en su pasado... Un año de su vida que no volverá, un año en el que vivió atado a un cubo de hielo... sí, esa es la mejor forma de decirlo. El frío que sintió alguna vez se ha ido, el calor del sol ha derretido el hielo. Pero... el charco de agua sigue ahí, vivo, latente. Un charco de agua tan insignificante como para hacerlo a un lado e ignorarlo cada día que pasa, pero tan profundo como para ahogarse en él. Ese charco que lentamente, y sin que él lo note, va llenando sus pulmones de agua, destruyéndolo de a poco y desde dentro. Él no tuvo la culpa de que el sol desintegrara aquel hielo, pero de todas maneras se siente culpable; tampoco hizo nada por evitar el trágico final del gélido cubo. Y así sus pulmones se ven llenados por el vital líquido que, irónicamente, lo van llenando hasta cortar por completo su respiración.
Reflexionando y tragando saliva, el joven sigue caminando hacia su destino, ignorando totalmente el mundo externo, sintiéndose atrapado entre el filo de la espada y la presión de la pared. Cree haber tomado la decisión correcta al dejar todo atrás, aquella persona jamás mereció la sangre, el sudor y las lágrimas que derramó por ella... Y jamás valoró el hecho de haberlas derramado.
Cambia la canción, el frío y melancólico ritmo de "Sappy" da lugar a otro similar, "Black". Los sonidos distorsionados y reflexivos del grunge toman control de la mente frágil del joven, que sólo quiere olvidar el error que cometió, que no pudo reconocer a su debido tiempo, y que tanto lo ha herido a lo largo de aquellos dos años. Y en su burbuja de sentimientos reprimidos, no logra discernir entre lo real y lo imaginario, no puede entender lo que sucede a su alrededor. Y mucho menos podría haber notado la peculiar conversación que tomaba lugar en la vereda del frente...
... y pensar que, hace tan sólo media hora...
8 abr 2009
Y que saen de revivir un blog...
... y que saen de que los absorba la rutina.
Me siento bi-polar, variando entre la rutina y la nada; la concentración y la procastinación, el orden y el caos.
Quiero ordenarme, quiero agarrar el ritmo de una vez por todas. Pero no puedo, no me siento... ¿motivado?
¿Hay algo por lo que valga la pena levantarme en la mañana? Seguro que lo hay.
Lástima que desconozco su paradero, su apariencia, sus intenciones, su todo...
¿Hay algo allá afuera para mí? ¿Algo que me está esperando? Tal vez, el mundo es tan grande... las posibilidades son infinitas.
Entre la rutina y el ocio, trato de navegar y guiarme hasta encontrar ese "algo" que me hace falta. Un cable a tierra.
Tengo ganas de escribir algo, tengo ganas de ordenar todas esas ideas locas que tengo dando vueltas en mi "mate" y hilarlas en una fina narración. Pero no me siento capaz de hacerlo. Los personajillos que habitan mi mente se desfiguran en mi pensar cuando los busco, y aparecen cuando asecho otros propósitos. La neblina me hace andar a tropiezos entre pasillos lúgubres y fríos, donde, por más que busco, tampoco encontraré lo que anhelo. Claro, tampoco sé qué es lo que tanto ansío...
El primer cable a tierra me hace recordar todo lo que soy, todo lo que he sido... Pero no me dice nada del futuro. Y claro está, no me van a devolver mi dinero por insatisfacción con el resultado.
Ahora, necesito buscar el cable a tierra real, aquel que me revelará qué diablos es lo que busco, cuál es mi propósito, cuál será ese futuro al que tanto aspiro y en el que tanto pienso, tanto así, que dejo de lado el presente...
Creo que necesitaba regurgitar todos estos pensamientos que he ido tragando con el tiempo. No creo que me ayude, pero me siento bien al hacerlo. Por alguna extraña razón, lo siento así. Era necesario, me lo han hecho saber de una y mil formas.
Creo que me armaré de mi reproductor de música digital, el cuaderno de psicología, y una botella con agua... y me iré a reflexionar en la comodidad de mi cama.
El vacío de mi ser no se llenará solo, así que ahora resta hacer algo al respecto...
... nah, mejor lo dejo para mañana.
Me siento bi-polar, variando entre la rutina y la nada; la concentración y la procastinación, el orden y el caos.
Quiero ordenarme, quiero agarrar el ritmo de una vez por todas. Pero no puedo, no me siento... ¿motivado?
¿Hay algo por lo que valga la pena levantarme en la mañana? Seguro que lo hay.
Lástima que desconozco su paradero, su apariencia, sus intenciones, su todo...
¿Hay algo allá afuera para mí? ¿Algo que me está esperando? Tal vez, el mundo es tan grande... las posibilidades son infinitas.
Entre la rutina y el ocio, trato de navegar y guiarme hasta encontrar ese "algo" que me hace falta. Un cable a tierra.
Tengo ganas de escribir algo, tengo ganas de ordenar todas esas ideas locas que tengo dando vueltas en mi "mate" y hilarlas en una fina narración. Pero no me siento capaz de hacerlo. Los personajillos que habitan mi mente se desfiguran en mi pensar cuando los busco, y aparecen cuando asecho otros propósitos. La neblina me hace andar a tropiezos entre pasillos lúgubres y fríos, donde, por más que busco, tampoco encontraré lo que anhelo. Claro, tampoco sé qué es lo que tanto ansío...
El primer cable a tierra me hace recordar todo lo que soy, todo lo que he sido... Pero no me dice nada del futuro. Y claro está, no me van a devolver mi dinero por insatisfacción con el resultado.
Ahora, necesito buscar el cable a tierra real, aquel que me revelará qué diablos es lo que busco, cuál es mi propósito, cuál será ese futuro al que tanto aspiro y en el que tanto pienso, tanto así, que dejo de lado el presente...
Creo que necesitaba regurgitar todos estos pensamientos que he ido tragando con el tiempo. No creo que me ayude, pero me siento bien al hacerlo. Por alguna extraña razón, lo siento así. Era necesario, me lo han hecho saber de una y mil formas.
Creo que me armaré de mi reproductor de música digital, el cuaderno de psicología, y una botella con agua... y me iré a reflexionar en la comodidad de mi cama.
El vacío de mi ser no se llenará solo, así que ahora resta hacer algo al respecto...
... nah, mejor lo dejo para mañana.
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