Hola, soy yo de nuevo.
Ya sé que no te gusta que te escriba tanto; nunca me lo has dicho, pero lo asumo. Pienso tanto en tí, que creo tenerte aburrida con tanto pensamiento. De todas maneras, me encanta escribirte. No sé por qué lo hago, si casi nunca respondes. Las pocas veces que lo haces, respondes con tan sólo un par de palabras frías; ya no tienen la emoción ni los sentimientos que antes las llenaban.
¿Por qué terminó todo así?
Confié en tí cuando dijiste que me escribirías, aunque estuviera acá encerrado... Me cuesta un poco conseguir papel y lápiz a diario, y más aún tener algo de tranquilidad para escribirte, pero lo hago igual. Entre cuatro paredes, no todo es tan relajado como podrías creer. Pero aún así me hago el tiempo, porque me reconforta escribirte. Me hace olvidar todo lo demás.
Tal vez eso es lo que me duele, un poco... Puedo olvidar cualquier cosa, exceptuándote.
Y hablando de olvidar, ya ni recuerdo la última vez que me respondiste... ¿Acaso cambiaste de dirección, y no me avisaste? No quiero creer que me estás ignorando... me dolería demasiado saberlo, prefiero omitir esa posibilidad. No dudo en que mis cartas estén llegando a destino; el cartero de por acá es bastante eficiente, él me prometió siempre llevarte las cartas. Podría decir que es mi único amigo; hace meses que no veo otra cara por acá, salvo la mía, y la tuya, en una foto.
Acabo de mirar por entre los barrotes de mi ventana, y en medio del pasillo veo una pila de papeles, tirados. Parece que el cartero, por entregar mis cartas, ha descuidado el servicio de los demás... Sí, seguro que fue así. Qué dedicado es mi amigo. Además de entregar las cartas, también me trae comida dos veces al día. De verdad que es un gran tipo.
En fin, no quisiera hablar más de la cuenta sobre este lugar; sé que nunca te ha gustado, y que justamente por eso, no me abandonarías en él... pero lo hiciste. Prometiste que seguiríamos en contacto, pero hace meses que no sé de tí. Me duele mucho tu indiferencia.
En fin, creo que es hora de despedirme... Escucho pasos por el pasillo, deben ser los hombres de bata blanca. Siempre que ellos vienen, olvido todo... Así que prefiero terminar de escribir antes de que ellos lleguen.
Quiero creer que aún te importo, aunque sea un poco... Espero una respuesta. Te quiero, y te extraño.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
