Y me tiré en la cama, no supe qué pasó. Mi sangre, hirviendo, era la única que me acompañaba. Llovía despacio sobre las latas del tejado, casi podía sentir la frescura de la precipitación en mi rostro. No quería pensar, no quería existir en aquel momento. Sentía como si toda mi esencia se hubiera quedado vagando en aquel lugar, sin mí... Era un sitio acogedor. Solo estuve allí una vez, y hasta ahora, me muero por volver... Y por verte ahí, conmigo.
Sigo dando vueltas en mi pequeño infierno privado, y creo que eres tú la que me arrebató las esperanzas y alegrías, y dejaste en su lugar sólo ilusiones... Porque desde que me aparté de tu lado, me falta algo.
Aún no sé quién eres, qué quieres, qué buscas. Para dónde vas, de dónde vienes... ¿Algún día me contarás? Quiero saberlo, deseo que cada parte de tu esencia se interne en mí, en cada maldito poro de mi piel. Sigo en la incógnita de tu existencia, y eso me impacienta. Y entre el hervor de mi sangre, y la desesperanza de no tenerte, me pierdo en el espiral de pensamientos. Y con ello, también te pierdo, olvido tus ojos brillantes.
Tal vez nunca estuve ahí contigo, puede que todo haya sido una mera ilusión, un truco vil de mi mente febril y su desenfreno. Como únicos testigos de esa realidad, se levantan dos siluetas, junto a mí. Si tan sólo pudiera verte otra vez, dejaría que leyeras entre líneas. Sabría que todo sucedió, tal como lo recuerdo. Y tú lo sabrías, también.
Desperté, y sentí que todo fue tan real como la primera vez. Los recuerdos no me suplen tu presencia... y aún así, esta vez no quiero volver a despertar.
13 jun 2009
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